El vídeo atribuido a Tania Llasera que reabre el racismo «bueno»
Un elogio racial sigue siendo una jerarquía racial. La frase que se atribuye a la presentadora Tania Llasera en un vídeo que circula sin aclaración pública —que los hombres negros son
«una raza superior» y que los blancos son racistas porque les tienen envidia— ha desatado una cascada de reacciones que dice más del marco mental de quien la celebra que del piropo en sí.
Elogiar una raza es seguir ordenando las razas. Y de ahí sale todo lo demás.
Qué dice el vídeo atribuido a la presentadora
El corte sitúa la supuesta afirmación en un contexto de elogio físico: haber visto a un hombre negro sin camiseta y concluir que estamos ante una
«raza superior». El segundo tramo completa la tesis: los blancos serían racistas por envidia. La estructura del argumento es la de siempre, solo que con el signo cambiado. Se sustituye el desprecio por la admiración y se mantiene intacta la escala que mide a las personas por su origen.
Hasta la fecha de esta discusión no constaba ni desmentido ni aclaración pública de la aludida sobre el contenido o la autoría del corte, un detalle que no ha frenado nada. Sí se ha corregido, en cambio, un dato básico de su biografía:
está casada y tiene dos hijos.
De la crítica al vídeo al ataque al físico
La reacción mayoritaria no discutió la tesis racial. Discutió el cuerpo de quien la pronunciaba. Buena parte de las réplicas se dedicaron a su aspecto, a su edad, a su estado civil y a comparaciones zoológicas que no aportan ni un gramo de análisis. La impugnación del racismo se transformó, en menos de un párrafo, en otra cosa bastante parecida.
Hay una ironía involuntaria en ese desplazamiento: quien denuncia una jerarquía basada en el físico acaba construyendo otra. No es un fenómeno nuevo. La réplica sobre el supuesto feminismo de la presentadora apareció varias veces, casi siempre como arma arrojadiza y nunca como argumento.
«Raza superior»: por qué el elogio no arregla el prejuicio
Clasificar a un grupo humano por raza, aunque sea para colocarlo arriba, es el mismo gesto que lo coloca abajo. La versión amable del prejuicio —la que atribuye a un colectivo una habilidad natural, un talento físico o una superioridad estética— conserva el supuesto de partida: que la biología explica el comportamiento y las capacidades de millones de personas. Cambia el signo del juicio, no la lógica.
El contraargumento más terrenal también salió a la luz: que la complexión responde al consumo de comida industrial y a la renta, no al origen.
Comer mal engorda, con independencia de la raza. Es la única línea de la discusión que devuelve el asunto al terreno de los datos y no al del agravio.
¿Delito de odio o simple polémica?
Entre las reacciones no faltó quien pidió retirar el canal y presentar una denuncia por delito de odio. La petición, formulada al calor del vídeo, no consta que se tradujera en una denuncia formal ni en ninguna actuación judicial. Criticar a una persona pública por lo que dice es legítimo y está protegido; otra cosa es exigir la retirada de su medio de vida por una frase atribuida en un fragmento sin verificar.
Ahí está el nudo. La misma discusión que reclama responsabilidad a la presentadora se permite insultos que no pasarían ningún filtro editorial. El vídeo sigue circulando, la cita sigue sin aclaración y la pregunta de fondo —si se puede elogiar a un grupo sin colocarlo en una escala— continúa sin respuesta.