La humillación en First Dates que retrata la doble vara del físico
La televisión española siempre ha tenido una relación enfermiza con el físico, pero pocas veces se ha visto tan crudo como en el fragmento de First Dates que estos días vuelve a circular. Una concursante de talla XXL despacha a un hombre canoso calificándolo de feo y bajito, sin que la producción la interrumpa. La escena, emitida originalmente hace al menos una década, ha resucitado como caramelo para la indignación selectiva.
Lo interesante no es el gesto de la participante, sino la dirección del enfado. Una parte de la audiencia la condena sin paliativos, leyendo en su actitud la arrogancia de quien ha interiorizado que el empoderamiento le permite juzgar. Otro bloque, más escéptico, recuerda que el programa está guionizado y que el vídeo se reutiliza cíclicamente para alimentar el debate sobre la hipocresía del discurso woke. El detalle que descoloca: según las cuentas que circulan, la mujer tendría más de un centenar de pretendientes en su propia ciudad, un dato que desmonta la imagen de soledad que la escena sugiere.
Una década después, la telebasura no pasa de moda
El diagnóstico es incómodo. El fragmento no es un accidente, sino un patrón de un formato que ha construido su audiencia sobre la humillación ajena. Los comentarios que lo rescatan lo saben y, aun así, lo reproducen, lo que los convierte en parte del ciclo. Que el vídeo tenga más de diez años no lo vuelve inofensivo: lo vuelve clásico. Y la próxima vez que alguien lo comparta, volverá a hacerlo con la misma mezcla de escándalo y morbo. La predicción es sencilla: mientras exista la televisión basura, habrá alguien dispuesto a señalar la paja en el ojo ajeno sin mirar la viga propia.