De 'Multiplicar' a 'T.U.C.A.N': las propuestas para renombrar Sumar
La coalición Sumar se enfrenta a un cambio de nombre, y el debate popular no ha dejado títere con cabeza: las sugerencias van desde el humor negro hasta la crítica política explícita. Entre las más repetidas, 'Multiplicar' —por su supuesta capacidad de multiplicar la pobreza, la inmigración y las comisiones— y 'Dividir', en alusión a su efecto sobre el electorado de izquierdas. No faltan las siglas satíricas como 'T.U.C.A.N' (Trabajadores Unidos y Colectivos Anti Nacionalistas) o 'PPDE' (Partido Para Destruir España). El trasfondo, sin embargo, es una profunda desconfianza: muchos interpretan el cambio de nombre como un mero lavado de cara de Izquierda Unida.
El arte del rebranding: ¿nuevo nombre, viejas ideas?
Quienes defienden que Sumar es un intento de recomponer el espacio a la izquierda del PSOE señalan que el programa apenas ha variado respecto a IU de hace tres décadas. Las críticas apuntan a un abandono de la lucha de clases en favor de causas identitarias —feminismo, LGTBI, okupación— que, según algunos análisis, han alejado a su base tradicional. Las propuestas no se quedan en la burla: 'Restar', 'Diezmar' o 'Multiplicar por 0' reflejan la percepción de que el proyecto está condenado a la irrelevancia. Incluso hay quien recuerda que, en el fondo, siempre se trata de 'Cobrar sueldazo'.
La izquierda que se busca: de la clase obrera a las identidades
Un sector del debate reclama un retorno a los orígenes: un partido de trabajadores y desfavorecidos, consciente de que su techo electoral estaría entre 10 y 20 diputados. Se critica que Sumar haya centrado su discurso en feminismo y colectivos minoritarios, mientras que los problemas económicos —como la subida de impuestos y el coste de la vivienda— quedan en segundo plano. La discusión se tensa cuando se cruzan las críticas a la fiscalidad: algunos ven en Sumar un instrumento para aumentar la presión fiscal (IRPF del 35%, IVA del 21%), mientras que otros sostienen que sin esos impuestos no hay Estado del bienestar. El choque es clásico: libertad individual frente a redistribución.
El cambio de nombre de Sumar puede ser una anécdota, pero el debate que ha generado revela una izquierda española en plena crisis de identidad. La pregunta que queda en el aire es si el nuevo nombre servirá para algo más que para confundir al electorado otro rato.
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