Suiza decide este domingo si congela su población en 10 millones
Este domingo, los suizos acuden a las urnas para decidir si su país debe poner un límite duro a su población: 10 millones de habitantes. La iniciativa, impulsada por el Partido Popular Suizo (SVP), ha reabierto el debate sobre inmigración, pero con un perfil muy distinto al de otros países europeos.
Una inmigración mayoritariamente europea
Mientras en buena parte de la UE el debate migratorio se centra en llegadas extracomunitarias, Suiza es un caso aparte. Según los datos que maneja la campaña, más del 80% de la inmigración que recibe procede de países europeos: alemanes, italianos, franceses, portugueses y españoles encabezan la lista. Hay que irse al puesto 14 para encontrar un país africano, Eritrea. Es decir, el techo de 10 millones no busca frenar un flujo 'no europeo', sino todo flujo entrante, incluido el de trabajadores cualificados de la UE.
El dilema económico: mano de obra y envejecimiento
Suiza, como el resto del continente, afronta un envejecimiento progresivo de su población. La tasa de dependencia aumenta, y sectores como la tecnología, la salud o la construcción dependen en buena medida de trabajadores extranjeros. Limitar la población a 10 millones –el país ronda ya los 9 millones– implica, de facto, cerrar la puerta a nueva mano de obra justo cuando más se necesita. Las empresas suizas han alertado de «enormes consecuencias» para la economía, según recogía El Economista en febrero. No es solo un debate identitario: es un pulso entre sostenibilidad demográfica y crecimiento económico.
Y en España, ni hablar
El contraste con la situación española es inevitable. Mientras Suiza decide mediante referéndum vinculante un límite poblacional, en España la cuestión demográfica se aborda con un modelo distinto: apuesta por la inmigración como cobertura del déficit de natalidad, sin consulta popular. Los partidos mayoritarios –PP, PSOE y la patronal– han evitado sistemáticamente cualquier mecanismo de democracia directa que permita a los ciudadanos pronunciarse sobre cifras o límites. En su día, una formación que proponía un sistema de referendos al estilo suizo apenas logró 105.000 votos. El resto, como se dice, es historia.
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