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Un creador de contenido que grababa en una patineta eléctrica por una zona natural de Rhode Island vivió un encuentro que terminó en amenazas explícitas de muerte y una persecución grabada. El streamer denunció los hechos a la policía y relacionó el lugar con la muerte de un joven de 28 años hallado en ese mismo río meses antes.
Un creador de contenido que grababa en una patineta eléctrica por una zona natural de Rhode Island vivió un encuentro que terminó en amenazas explícitas de muerte y una persecución grabada. El streamer denunció los hechos a la policía y relacionó el lugar con la muerte de un joven de 28 años hallado en ese mismo río meses antes.
La escena empieza como un vídeo de paseo. Un creador de contenido recorre en patineta eléctrica una zona natural de Rhode Island con la cámara encendida. En el minuto 0:09 se cruza con un hombre en bicicleta. A partir de ahí, lo que parecía un encuentro casual se convierte en una sucesión de señales que el streamer interpreta primero como broma y después como peligro real. El vídeo completo, con la conversación y la huida, se ha difundido como ejemplo de cómo un desconocido puede pasar de la simpatía a la amenaza en pocos minutos.
El hombre de la bicicleta le propone que le siga. En el minuto 1:04 le dice que le acompañe y en 1:53 se salen de la carretera. Le explica que quiere enseñarle su «spot», su sitio secreto. El streamer empieza a sospechar, pero se lo toma a broma. La conversación sigue en la orilla del río. El desconocido dice que va a encender un fuego y pescar, aunque no lleva leña ni caña. Cuando le preguntan por la caña, responde que hoy no la ha traído, que es fácil hacerse una y que él es leñador.
El tono cambia cuando el streamer le dice que es el «goat», expresión inglesa para «el mejor de todos los tiempos». El otro no lo entiende y contesta molesto que él no es una cabra. En 6:07 coge una araña de patas largas y suelta un discurso sobre que es la más venenosa del mundo, aunque su mordedura no penetra la piel humana. Son datos que el hombre maneja con soltura y que el streamer escucha entre la curiosidad y la incomodidad.
El momento que marca el giro llega en 6:32. El streamer le pregunta su nombre y le ofrece chocar los nudillos, pero usa la mano izquierda. Según la interpretación que se hace en el vídeo, ese gesto funciona como código de bandas y significa una amenaza de muerte. El streamer se lo echa en cara, pero el otro no ofrece la mano derecha ni da explicaciones. A partir de ahí, el lenguaje corporal del desconocido cambia: adopta una actitud chulesca y desafiante.
En 6:54 le pregunta si ha estado en la cárcel. Durante un par de segundos le mira fijamente y el streamer contesta nervioso que sí, pero que no fue por violencia ni por estar loco. En 7:08 le pregunta qué hizo. Responde con evasivas: que fue por una tontería y que solo estuvo encerrado un fin de semana. En 7:17 decide irse, pero el otro intenta pararle diciéndole que no le ha dado su número y le insinúa que le va a tirar al canal. El streamer se lo sigue tomando a broma.
En 7:58 vuelve a preguntarle qué hizo para ir a la cárcel. En lugar de contestar, le dice que no le apunte con la cámara y le cuenta un chiste absurdo sobre un ternero y una oveja. El streamer no lo entiende, se despide y se larga. En 9:22 respira aliviado y comenta a cámara el mal rato y lo raro que le olía el aliento. Cree que se ha librado.
En 10:47 reaparece el hombre montado en la bici. Le adelanta y se detiene más adelante esperándole. Ahí empieza a acojonarse de verdad. En 11:10 el desconocido dice que ha vuelto porque quiere saber su nombre para estar en contacto. El streamer le da el nombre de su canal y le dice que le puede mandar un mensaje. Entonces llega la amenaza explícita: le dice que le va a matar y le va a tirar al fondo del río. En 11:47 le pregunta si va a estar grabando todo el tiempo. El streamer se da media vuelta y acelera el monopatín a toda velocidad. El otro también se da la vuelta y empieza a perseguirle.
La persecución se alarga. En 13:17 sigue detrás, aunque el streamer va a toda velocidad. En 13:44 parece que consigue dejarlo atrás en una recta. Se ve a una chica caminando sola. En 14:19 el streamer dice que ya no lo ve y que cree que se ha dado la vuelta. En 22:00 llega al coche, entra y dice que nunca más volverá a Rhode Island. Arranca y se va.
Días después, el streamer añadió una actualización en la descripción del vídeo. Un chaval de 28 años llamado Efrain Espinosa fue encontrado muerto en ese mismo río un par de meses antes. El creador de contenido ya lo ha denunciado a la policía, pero no se sabe si hay conexión entre ambos hechos. La investigación sigue abierta y no se ha establecido ningún vínculo oficial entre el hombre que le amenazó y la muerte del joven.
El episodio deja una pregunta incómoda sobre la seguridad en espacios naturales y sobre la exposición de los creadores de contenido, que graban a desconocidos sin saber con quién hablan. También sobre la utilidad de esos códigos de bandas que el streamer interpretó en tiempo real y que, según su propio relato, no supo leer hasta que la tensión ya era alta. La policía tiene la denuncia. El vídeo, con sus minutos y sus gestos, es la prueba principal.
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