SpaceX cae por debajo del precio de la OPV: ¿qué está pasando?
La salida a bolsa de SpaceX fue uno de los eventos más esperados del año. Con un precio de colocación de 135 dólares para inversores privilegiados, la acción rápidamente subió hasta los 200 dólares en las primeras sesiones. Sin embargo, un mes después, cotiza en torno a los 115 dólares. Una caída del 15% desde su debut que ha dejado a muchos inversores minoristas con pérdidas y ha reabierto el debate sobre la estructura de las OPV tecnológicas.
¿Por qué una empresa exitosa necesita salir a bolsa?
SpaceX no necesitaba el dinero. La empresa lleva años recaudando fondos en rondas privadas a precios entre 150 y 200 dólares por acción, con fondos de inversión haciendo cola para entrar. La verdadera razón de la OPV es proporcionar liquidez a empleados e inversores tempranos que llevan dos décadas con opciones sin mercado donde vender. Es decir, la salida a bolsa no es para financiar la compañía, sino para que los de dentro puedan cobrar fichas. Este patrón se ha visto en otras tecnológicas, pero aquí la limitación de free float —apenas un 4% del capital— amplifica la volatilidad y favorece los movimientos bruscos.
A esto se suma la restricción de venta para los compradores de la OPV, que no pudieron deshacer posiciones hasta el día 16 posterior a la colocación. Eso explica el pico inicial y el posterior desplome cuando se levantó el candado: los institucionales que entraron forzados para cubrir la demanda salieron en cuanto pudieron, dejando al minorista sujetando el saco.
Starlink bajo amenaza: el factor geopolítico
El principal activo de SpaceX a día de hoy es Starlink, la constelación de satélites que proporciona internet de banda ancha y que se ha convertido en una pieza clave de las comunicaciones militares de Estados Unidos. Pero hace cuatro días, China presentó un arma de microondas capaz de inutilizar satélites en órbita baja, y se da por segura que una tecnología similar estará pronto al alcance de Rusia. El riesgo geopolítico ha servido de coartada para que los grandes inversores comiencen a soltar lastre, aunque el verdadero problema podría ser la sobrevaloración de una empresa cuyos ingresos —unos 10.000 millones anuales— no justifican una capitalización que aún ronda los 400.000 millones.
¿Shitcoin o empresa real?
Quienes defienden la compra a largo plazo recuerdan que Amazon cayó más de un 90% tras la burbuja punto com antes de convertirse en el gigante actual. Sin embargo, la comparación con las criptomonedas se ha vuelto recurrente: acceso anticipado a bajo precio, subida vertiginosa alimentada por el hype minorista, y posterior drenaje de liquidez hacia los insiders que venden en máximos. La diferencia es que SpaceX tiene ingresos reales, contratos militares y una posición dominante en lanzamientos orbitales. Pero el mercado ya descuenta ese monopolio, y cualquier noticia negativa —como el arma china— sirve de excusa para un reajuste.
Con un free float mínimo y una valoración que aún parece hinchada, la pregunta que queda en el aire es si el suelo está cerca o si aún queda mucho lastre por soltar. Los que esperan a 20 dólares quizá no estén tan desencaminados.