SpaceX: la avalancha de acciones llega con el valor en mínimos
¿Cómo puede un valor perder casi un 8% en una sesión y, aún así, esperar al día siguiente un aluvión de títulos nuevos en el parqué? Esa es la tesitura en la que se encuentra SpaceX: la compañía que salió a bolsa para comprar Cursor al contado afronta ahora la entrada de un bloque de acciones que los inversores llevaban días esperando con el dedo en el gatillo. El papel se negocia en mínimos y la presión vendedora, lejos de disiparse, se cubre ante lo que puede pasar cuando el calendario marque el desembarco.
La operación tiene todos los ingredientes de las colocaciones que envejecen mal. Los propietarios colocaron sus títulos en la OPV y, a los pocos días, el precio ya cotiza por debajo de lo que pagaron los compradores. Hay quien lo lee como una simple crónica de una transferencia anunciada: dinero de minoristas hacia los organizadores, con la fascinación por los cohetes haciendo el trabajo sucio. La escena es perfecta: mientras unos ven la entrada ideal en niveles cercanos a 90, otros doblan la prudencia y se ponen a cubierto antes de que llegue la avalancha.
No todo son malas noticias. La lectura optimista recuerda que el negocio de alquiler de infraestructura, la falta de competencia en el lanzamiento espacial y la pata de la IA sostienen una tesis de largo plazo difícil de ignorar. A nada que lluevan acuerdos de defensa, dicen, los precios actuales parecerán una ganga. Pero entre esperar a octubre o entrar antes de tiempo hay una distancia que ni el mejor cohete puede acortar.
La pregunta no es si la acción tocará suelo, sino a quién se le ha ocurrido creer que una OPV sirve para hacer ricos a los que llegan tarde. Los dueños ya cobraron.