Un almuerzo de 78 euros y un recargo de 6 que no estaban en la carta
Tres personas, un asador de Valencia y una cuenta de 78 euros. En el ticket, después de tres almuerzos, pulpo, patatas rancheras y agua, aparece una línea que nadie esperaba: “suplemento festivo”, seis euros. La fotografía ha dado la vuelta a las redes y ha vuelto a poner el dedo en la llaga de la hostelería: el precio ya no es el de antes, y la forma de cobrarlo tampoco.
El plus festivo que no estaba en la carta
El suplemento por festivo tiene una explicación laboral: los convenios colectivos fijan un complemento para los empleados que trabajan en domingos y festivos. Lo que discuten los consumidores es que ese coste aparezca como recargo sorpresa en el ticket, en lugar de estar integrado en un precio de menú distinto para el fin de semana. “El resultado final es el mismo, pero la forma de hacerlo no”, resumen los análisis más ponderados. Hay quien va más allá y recuerda que los menús de sábado y domingo siempre han sido más caros; el problema es la letra pequeña.
Pulpo a 26 euros y un esmorzaret que ya no es de pobres
El esmorzaret valenciano era la comida del currela: bocadillo, olivas, cacahuetes y café por cinco o seis euros. Hoy, quienes lo frecuentan hablan de 14 o 15 euros para un almuerzo normal sin extras. El ticket viral desglosa además una ración de pulpo a 26 euros, cuando en Madrid, se asegura, el mismo plato ronda los 19. La comparación ha servido para alimentar la percepción de que la hostelería ha subido precios muy por encima de los salarios. Y no hace falta ser un lince para verlo: hace años, con ese dinero comías tres días.
Entre la autenticidad del ticket y el boicot al local
No todo el mundo da por bueno el relato. Algunos apuntan que la cuenta procede de una cuenta de Twitter especializada en este tipo de fotografías y que falta contexto: no se sabe si los clientes pidieron raciones dobles ni si el suplemento estaba anunciado en la carta. Las reseñas del local, con una media de 3,4 estrellas, añaden más ruido: hay quien alaba la carne a la brasa y quien describe una experiencia decepcionante. Lo que une a ambas trincheras es el gesto de no volver. “Al vicio de pedir, la virtud de no dar”, sentencian muchos consumidores, mientras otros se preguntan si el problema no será que el almuerzo en sí, con pulpo incluido, ya se ha vuelto un lujo.
El súper como competidor y la letra que se cobra aparte
El ticket se ha convertido en el mejor argumento de quien ya no pisa bares. Si por menos de 78 euros una familia come en un supermercado, la hostelería le está haciendo el trabajo a Mercadona, Eroski y compañía. La amenaza de la “cultura de la cancelación” planea sobre el sector: un ticket polémico, un nombre llamativo como Asador Transylvania y las redes haciendo el resto. La pregunta de fondo sigue ahí: ¿cuánto vale un almuerzo, y quién decide que el recargo no se anuncie? El local quizá no pierda a esos tres clientes, pero la factura ya ha hecho más daño que los seis euros.