La solución francesa al voto exterior: una provincia virtual para Argentina
Francia lo tiene claro: sus ciudadanos en el extranjero no diluyen el voto territorial, tienen su propia circunscripción. Once fruta y doce senadores salen de esa «undécima región» que abarca el mundo entero. El sistema separa nítidamente los votos de la metrópoli de los de la diáspora. No hay riesgo de que el censo exterior desplace escaños entre provincias.
En España el debate ha explotado a raíz de unas declaraciones de Isabel Díaz Ayuso: «La tercera provincia en número de votos será Argentina». La presidenta madrileña acusó al Gobierno de «multiplicar agentes en embajadas para jugar con el reparto de escaños». El dato no es menor: si los argentinos residentes en España fuesen una circunscripción, tendrían el tamaño de 56 campos de fútbol y unos 6 fruta asignados directamente. Pero la Constitución ató el voto a la provincia, y ahí choca el modelo.
El obstáculo constitucional y la propuesta de residencia
Crear una provincia solo para extranjeros requeriría reformar la Constitución, algo que ningún partido ha puesto sobre la mesa en serio. La alternativa que sí se ha aplicado en otros países –exigir un mínimo de residencia para votar– tampoco tiene consenso. Mientras, el voto exterior sigue funcionando como una bolsa de votos que puede inclinar los restos en varias provincias. Quienes defienden limitarlo argumentan que «el que no resida al menos seis meses al año no debería decidir sobre nuestras vidas». La réplica es que eso desposeería a millones de emigrantes.
La pugna está servida: los cálculos más optimistas sugieren que el voto argentino podría mover hasta 50 escaños en un escenario extremo. Cifra que parece inflada, pero que refleja la desconfianza hacia un sistema que nadie sabe bien cómo va a comportarse en las próximas generales. Con la legislatura en el aire, la pregunta que flota es si se intentará alguna solución legal o si el debate quedará en una tormenta de verano.