El restaurante Paco, un mito frente a la era del gastrobar
La paradoja tiene guasa: en plena dictadura del gastrobar, lo más reivindicado por el buen yantar español no es la cocina de autor, sino el menú del día de toda la vida. Un documental sobre los platos olvidados de los restaurantes Paco de los 70 y principios de los 80 se ha vuelto objeto de culto. Su locución es de sintetizador de texto a voz; su gancho es otro: retrata la época en que comer fuera no exigía explicar qué era la “cocina de mercado”.
El paquismo tiene canon: el pijama como cumbre estética, El Sustancia ilegal como película fetiche y el melón con jamón como plato sagrado. La añoranza no es solo sensorial. El modelo Paco era un circuito económico completo: ingredientes de verdad, servicio de barra con carácter y precios que no se disfrazaban de gourmet. Frente a esto, los gastrobares actuales se describen como una época fraudulenta en la que la etiqueta sustituye al producto. La economía informal también asoma: si querías factura, la respuesta era “deme su NIE”. Hoy, con la cruzada contra la economía sumergida, esa escena se recuerda como una pieza de museo.
Ojo con el mito: el Paco real era un sótano que olía a humedad y un patrón que te apremiaba a gritos. La nostalgia idealiza lo que tuvo de precario. Pero, mal que pese, un menú de aquella tasca le da mil vueltas a una hamburguesa de franquicia. ¿Cuánto de esa autenticidad era miseria y cuánto de la actual es farsa con buen diseño?