La polémica racial sobre los españoles: ¿blancos o no?
Todo arrancó con una afirmación del New York Times: según el diario, los españoles no son blancos a los ojos del mundo anglosajón. La declaración, tomada como un hecho por algunos, abrió la veda a un debate sobre la identidad racial de un país que durante siglos se ha considerado europeo y caucásico.
Lo que siguió fue una mezcla de ironía y provocación. Algunos señalaron que si los españoles no son blancos, entonces podrían usar ciertos términos reservados a otras minorías. Otros optaron por la autodefinición más absurda posible: desde "bosquimano calvo" hasta "semítico", pasando por la reivindicación de orígenes puramente manchegos. El humor negro y la hipérbole fueron la tónica.
Pero tras la broma late una cuestión real: la etiqueta racial de los españoles en Estados Unidos es ambigua. El censo estadounidense clasifica a los hispanos como un grupo étnico separado de la raza, y dentro de este, los españoles caen a menudo en la categoría "blancos" o "otros blancos". Sin embargo, para el imaginario anglosajón, un acento español o un apellido latino pueden desplazar la percepción hacia la no-blancura. La paradoja tiene consecuencias reales en discriminación positiva y estudios demográficos.
Que en un foro se responda con chistes y referencias a películas prehistóricas demuestra lo escurridizo del tema. Al final, la identidad racial no es un dato genético sino una convención social cambiante. ¿Determina un titular de periódico lo que uno es?