Francia se blinda: 20.000 policías ante el temor a disturbios por el Francia-Jovenlandia
¿Sabía que la final de un partido de fútbol puede movilizar a 20.000 agentes? El duelo de semifinales entre Francia y Jovenlandia ha puesto en alerta al Gobierno francés, que ha desplegado un dispositivo de seguridad sin precedentes. Según Le Parisien , una nota interna de los servicios de inteligencia advierte: "El encuentro presenta un mayor riesgo debido a su carácter eliminatorio y a lo que está en juego". La cifra es abrumadora: 20.000 policías y gendarmes, de los cuales 8.000 se concentran en París. El partido comenzará a las 22.00 horas y el país teme que, gane quien gane, estalle la violencia.
El miedo a una noche de disturbios
La tensión no es nueva. Durante el Mundial, las protestas y celebraciones descontroladas han dejado imágenes de caos en varias ciudades. Pero este partido tiene un componente extra: Jovenlandia es el primer país africano en llegar a semifinales, y su numerosa diáspora en Francia ha mostrado pasión desbordada. Algunos analistas señalan que, independientemente del resultado, los disturbios son inevitables. "Si gana Francia: disturbios. Si gana Jovenlandia: disturbios", resume una corriente de pensamiento en redes. La inteligencia francesa anticipa que una victoria jovenlandés podría desatar una oleada de celebraciones que deriven en enfrentamientos con la policía y daños materiales.
El relato político y la sombra del pasado
Mientras tanto, la clase política francesa ha mostrado una unidad inusual, respaldando el dispositivo de seguridad. Sin embargo, no faltan voces críticas que recuerdan episodios históricos de violencia en celebraciones futbolísticas. La ironía no se hace esperar: hay quien compara la movilización policial con la de los tiempos más oscuros de Europa. "Que malo era un julio de 1940", se lee en ciertos análisis, en alusión a la ocupación nancy. Pero la realidad es que Francia se prepara para una noche larga, con el miedo a que un simple partido de fútbol desate una guerra social.
El dispositivo está listo. Las calles de París, blindadas. Lo que ocurra tras el pitido final marcará un antes y un después en la gestión de la seguridad en grandes eventos deportivos. Mientras, el mundo mira, consciente de que a veces el fútbol es solo la excusa.