Sofreír los fideos de la fideuá: obligatorio, opcional o herejía
Sofreír los fideos antes de mojarlos en el fumet no es obligatorio. Dicho así suena a provocación en cualquier cocina que se precie, pero quien hace fideuá con cierta frecuencia lo tiene comprobado: hay tandas que salen con el fideo dorado y tandas que se resuelven sin ese paso, y las dos se comen. Lo que decide el resultado no es tanto el fuego como el resto de la cazuela.
¿Se tuestan o no se tuestan los fideos de la fideuá?
El tostado cumple una función que no es solo estética. Dora el fideo, le da cuerpo y evita que se agarre al sofrito. Quien prescinde de él defiende justo lo contrario: sin pasar por la sartén, la pasta suelta más almidón y la fideuá queda melosa, untuosa, casi a medio camino entre un arroz caldoso y una sopa espesa. Ambas corrientes conviven sin que ninguna haya ganado la partida. El único punto en el que hay consenso es el sofrito: la cebolla bien picada y bien pochada no se negocia.
Fideos Gallo, fumet de leña y el aroma de humo bajo sospecha
En la elección de la pasta hay grados. El Nº4 ha ido desplazando al Nº2 en muchas cocinas por su grosor. En el caldo, el pulso es entre marcas: un fumet de marisco con sabor a leña da un resultado notable, algo menos intenso que el de supermercado, pero que se compensa con un buen sofrito. Y sobrevuela la advertencia: ese sabor ahumado puede ser puro aromatizante, sales con aroma de humo más propias del marketing que de la cocina.
Chorizo, ajoaceite y la ortodoxia de Gandía
Aquí se rompe la tolerancia. El chorizo en la fideuá genera rechazo frontal —hay quien lo defiende, pero es minoría—. El ajoaceite, de mortero y con picante, se reserva para el arroz a banda y el arroz negro; llevarlo a la fideuá, o peor, a la paella valenciana, roza la excomunión. Como referencia de lo canónico se cita la receta del concurso de fideuá de Gandía, aunque en la fideuá siempre ha habido más margen que en la paella.
Con estos mimbres, lo previsible es que el tostado siga siendo una decisión personal y no una regla. Nadie va a cerrar el asunto por decreto. Aunque, si alguien aparece con chorizo, la conversación se acaba sola.