El pulso por la inmigración sin papeles: ¿lastre o motor?
¿Qué pesa más, la identidad cultural o el PIB? El debate sobre la inmigración irregular vuelve a enfrentar a socialistas y populares en España, justo cuando los datos apuntan a que sin ella el crecimiento se resentiría. Mientras el PP escenifica un acto de precampaña al ritmo de merengue bajo el lema "Europa es Hispana", el Partido Socialista defiende la regularización de personas sin papeles como una medida necesaria para el mercado laboral. Y no lo dice solo la izquierda: los empresarios españoles se han pronunciado a favor de la regularización, calificándola de "medida necesaria" en declaraciones recogidas por El País. Por detrás, un titular de El Mundo lo resume: "España no lideraría el crecimiento de la UE sin inmigrantes".
La tensión es evidente. Por un lado, el discurso identitario que apela a la herencia hispana y al control de fronteras. Por otro, la evidencia económica de un país que necesita mano de obra en sectores clave como la hostelería, la agricultura y los cuidados. La paradoja es que mientras los partidos se enzarzan, la economía ya ha votado: sin el aporte de los trabajadores extranjeros, el PIB español simplemente no alcanzaría las tasas de crecimiento que presume.
El cálculo es frío. Los empresarios saben que la regularización no es un gesto de generosidad, sino una necesidad logística. La economía sumergida que generan los sin papeles tampoco conviene a nadie que quiera recaudar impuestos. Pero la política tiene otros tiempos y otros argumentos. Y en ese desfase se juega algo más que un debate ideológico: se juega la competitividad del país.
Así que mientras los políticos discuten si España es más o menos hispana, los empresarios hacen números. Y los números, tozudos, dicen que sin los inmigrantes irregulares el crecimiento se queda en penumbra. Pero claro, los números no votan.