Inglés en el autobús de la Roja: nadie se inmuta; si fuera gallego, escándalo
La selección española de fútbol luce estos días un autobús oficial con mensajes en inglés. La reacción, en lugar de un debate sobre soberanía lingüística o identidad nacional, ha sido un silencio casi absoluto. Basta echar un vistazo a las redes para constatar el doble rasero: si esos mismos eslóganes estuvieran en gallego, euskera o catalán, el aluvión de críticas sería inmediato. Pero como el inglés es el idioma del negocio y del prestigio global, todo el mundo lo acepta sin rechistar.
El negocio del idioma dominante
El autobús no es un capricho; forma parte de un contrato millonario entre la Real Federación Española de Fútbol y Adidas, que este año viste a la selección. Las marcas imponen su idioma como parte de una estrategia global de marketing. El inglés no solo vende, sino que se ha convertido en el vehículo de un mensaje aspiracional: lo que suena a moderno y exitoso se dice en inglés. Mientras, las lenguas propias de España quedan relegadas al ámbito local o folclórico.
Detrás de esta dinámica hay un entramado de propiedad accionarial. Los principales fondos de inversión –BlackRock, Vanguard, y otros– son dueños de las grandes corporaciones que dictan las tendencias de consumo, desde la ropa deportiva hasta los medios de comunicación. Como apuntan algunos análisis, el accionariado global impone una homogeneización cultural que deja poco espacio para las identidades locales.
La hipocresía del debate lingüístico
Lo llamativo del caso no es tanto la presencia del inglés –habitual en cualquier gran evento deportivo– sino el silencio de quienes suelen levantar la voz por la defensa de las lenguas cooficiales. La discrepancia es flagrante: contra el inglés, tolerancia cero de polémica; contra las lenguas de España, hipersensibilidad. Un reflejo del complejo de inferioridad cultural que arrastra el país desde hace décadas, donde lo foráneo se percibe como superior y lo propio como provinciano.
La anécdota del día la puso un usuario que recordó que hace 24 años que no compra Adidas, y que antes prefería Kelme, una marca española desaparecida. Pero el mercado manda, y Adidas viste a la selección. Con el inglés en el autobús, por supuesto.
El dato que descoloca: mientras dos millones de personas se agolpan para ver pasar a los futbolistas millonarios, nadie organizaría un recibimiento así para unos científicos españoles que hubiesen ganado un Nobel. La prioridad está clara: el fútbol y el marketing global se imponen sobre cualquier otra consideración. El inglés en el autobús es solo un síntoma más.