(Parte 2) Comentan un artículo de los
doctores《Gold y Gold》aparecido 10 años después de la película que es de 1998. Lo llaman trastorno médico o "delirio del show de Truman"
Diez años después del estreno de la película, un grupo de psiquiatras describieron 'The Truman show syndrome', una entidad poco común y no reconocida oficialmente en los manuales de diagnóstico médico
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El contenido del
delirio depende de la época y el entorno sociocultural del individuo. ¿Han pensado por qué siempre se ha representado a un orate vestido de Napoleón? La razón no deja de ser curiosa. Napoleón fue blanco de la sátira de los medios ingleses, quienes lo caricaturizaron como un orate con delirios de grandeza. Fue en ese periodo cuando comenzó el estudio de las enfermedades mentales en Europa y se empezó a recoger por escrito las ideas delirantes. Al ser uno de los iconos más reconocidos (independientemente del nivel cultural, todos sabían quién era Napoleón), no era inusual que el comandante corso fuese el protagonista elegido por aquellos que deliraban en esa época.
En la actualidad,
los delirios se elaboran con personajes contemporáneos y se ajustan a nuestro marco social. Desde los atentados del 11-S, se ha normalizado la necesidad de vigilancia global, circunstancia que también ha aumentado la ansiedad y la preocupación de sentirse vigilado. Es un marco perfecto para que, por ejemplo, se genere un delirio de persecución y que en la elaboración del contenido se incluyan las mismas sensaciones que tiene el protagonista en el film.
Los que lo sufren no pueden ser persuadidos, y necesitan terapia psicológica y cognitivo-conductual
Los que sufren el síndrome de El show de Truman no pueden ser persuadidos, y necesitan terapia psicológica y cognitivo-conductual para cuestionar sus creencias delirantes y, en algunos casos, precisan fármacos para manejar la ansiedad. La mayor parte se sienten afectados y desean que acabe el
show de inmediato. Sin embargo, en su publicación, Gold y Gold alertan de una situación inesperada: hubo algunos pacientes que, lejos de sentirse mal con el delirio de Truman, manifestaron haber disfrutado de su supuesto estatuto de celebridad. Es decir, deseaban ser el centro de atención y “que la mayor cantidad de cámaras posible filmasen su vida”.
De Truman a 'Gran Hermano'
En el año del estreno de la película, en Países Bajos, un empresario de televisión planificaba un novedoso programa para la pequeña pantalla. Tenía grandes dudas sobre si el formato sería del gusto de los televidentes. Un día vio la película protagonizada por Carrey, y decidió que lo pondría en marcha al año siguiente. Así lo hizo, cosechando un éxito mundial sin precedentes. El empresario se llamaba
John de Mol y su programa,
Big Brother.
El formato
Gran Hermano (y todas sus infinitas variantes) llegó para quedarse. Son el
ejemplo más claro de la sociedad exhibicionista en la que vivimos, y no resulta descabellado colegir que programas de este tipo puedan generar ideas delirantes. Así opina el Dr.
Fusar-Poli, profesor de Psiquiatría en el King's College de Londres, quien asevera que
“la digitalización y la hiperexposición de nuestras vidas en redes sociales pueden desencadenar cualquier delirio”.
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Imagen del programa 'Gran Hermano'. (Telecinco)
No es necesario
hoy en día poner ejemplos de personajes populares que demandan la atención de los medios para participar sus desdichas amatorias, o las de terceros. Tampoco resulta inusual la existencia de muchos otros que, no siendo famosos, anhelan serlo, y se dedican a difundir en redes su anodina e insegura vida. Estos
dos perfiles tan cotidianos encajan dentro del Main Character Syndrome (o
síndrome del personaje principal). En él se incluyen todos aquellos con este tipo de ideas delirantes en las que se imaginan a sí mismos como protagonistas de su propia historia, y que tratan a los que les rodean como personajes secundarios de su propio reality.
El personaje principal quiere ser famoso y da rienda a su fantasía en redes sociales y/o emplean a los medios de comunicación para alimentar su ego, un buche imposible de saciar. En la novela
Las bostonianas, publicada cien años antes del estreno de
El show de Truman, Henry James describe así a uno de sus personajes: “El objeto de la vida humana consistía, para él, en obtener la mayor publicidad […], tenía la necesidad imperiosa de notoriedad como búsqueda del triunfo personal”. Si siguiésemos echándonos atrás en la historia, veríamos que rsta preocupación ha acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos.
Queridos lectores,
¿quién no ha querido ser famoso alguna vez? ¿Quién no ha mirado a un lado en una situación cómica o absurda, pensando que estaba siendo víctima de una cámara oculta? ¿Quién no se ha sentido henchido de placentero orgullo cuando ha recibido
un me gusta en alguna red social? El ser humano es imperfecto y tiene tendencia a la ociosidad y a la autocomplacencia. No tenemos remedio, así que no nos fustiguemos, pero ¡recuerden!: los delirios están ahí fuera, al acecho.
Que se mejoren.