Intxaurrondo, la mentira y los 84 muertos de Ceuta
La definición es redonda: “se está normalizando que alguien mienta, sea desmentido y siga hablando como si nada”. La pronunció Silvia Intxaurrondo, rostro de la televisión pública, justo en mitad de una crisis que ha dejado 84 cadáveres en la frontera de Ceuta. La frase podría funcionar como una tesis sobre el discurso político; el problema es que se ha convertido en un boomerang.
Una crisis con cifras que no callan
Los datos disponibles apuntan a 84 muertos, según los cadáveres recogidos por la Guardia Civil y la policía de Marruecos. La crisis migratoria estalló el pasado jueves y, según la información que circula, presenta “un aspecto sumamente oscuro, estremecedor y profundamente trágico”. Entre los detalles que alimentan las sospechas están los flotadores que aparecieron de repente amontonados en el lugar exacto por donde había que cruzar: un elemento que nadie del relato oficial se molesta en explicar.
La pregunta incómoda
Mientras la periodista denuncia la mentira genérica, la demanda que se extiende es simple: ¿por qué no exige a quien, según varias versiones, habría provocado la tragedia que pida perdón? La contradicción se vuelve ineludible. No se trata de juzgar la intención de la frase, sino de ponerla contra el espejo de Ceuta. ¿De qué sirve desmentir con micrófono cuando se silencia lo que ocurre en la valla? La pregunta queda abierta, como los cadáveres.