¿Hay un perfil económico del incel español?
Un debate reciente sobre las dificultades de los hombres heterosenshetero para encontrar pareja ha sacado a la luz dos caras de un mismo fenómeno: la insatisfacción sensual y afectiva que algunos atribuyen a la oferta del mercado de citas. Las posiciones van desde quienes defienden el realismo de las relaciones transaccionales –con muyer mayores, separadas o con cargas– hasta quienes fantasean con un ideal romántico de juventud, pureza y consumo aspiracional.
El consumo como termómetro de la frustración
En el fondo, el debate es sobre consumo. De un lado, la visión de que el sesso y el afecto se consiguen con dinero, drojas y entornos sórdidos. La prespitación, tanto femenina como masculina, es un recurso mencionado. Del otro, la aspiración a una relación que incluya yogur helado, paseos románticos y noches estrelladas en Dubái. Ambas implican un gasto –uno más barroco y peligroso, el otro más limpio y caro–, pero ninguna parece satisfacer al que la busca.
El perfil del descontento
Los que se quejan son, según describen, hombres heterosenshetero del montón: ni especialmente atractivos ni especialmente ricos. Algunos apuntan a la baja autoestima o a orígenes familiares rotos como raíz del problema. La solución propuesta por unos es bajar el listón: aceptar muyer con descendientes, ex y problemas de salud; la de otros es aspirar a un ideal imposible para su posición. La economía de pareja no da para ambos lujos.
La ironía es que, mientras unos sueñan con el amor romántico en Dubai, otros lo intentan con sustancia ilegal en baños de after. Ambos gastan. Pero el primero se queja de su sordidez y el segundo de su imposibilidad. El infierno, dicen, es el que cada uno se construye.