Marruecos lanza un órdago comercial y España sopesa aceptarlo
El 21 de agosto, un medio de prensa controlado desde Rabat lanzaba una advertencia: si partidos como Vox y Sumar insisten en expulsar a Marruecos de la organización del Mundial 2030, las relaciones comerciales con España quedarán en el aire. El envite, recogido por El Español, tiene una pregunta de fondo: quién sangra más si el pulso se materializa.
La balanza comercial entre ambos países es ligeramente favorable a España, aunque la brecha se reduce año tras año. España es el primer socio comercial de Marruecos desde 2012, y Marruecos ocupa un lugar relevante entre los destinos de exportación españoles. La dependencia es mutua, pero no simétrica: para Rabat, España es el socio dominante; para Madrid, Marruecos es un cliente importante, no imprescindible.
Quién tiene más que perder en el pulso
El análisis del órdago se divide. Hay quien sostiene que aceptar el desafío es lo correcto: ceder ante la amenaza sentaría un precedente peligroso. La contraparte recuerda que una guerra comercial no es un juego de suma cero: España exporta a Marruecos productos agroalimentarios, repuestos de automoción y servicios logísticos, sectores que notarían el golpe en empleos y puertos.
Las posturas más duras van más allá y proponen romper relaciones diplomáticas y cerrar fronteras, sin evaluar el coste. Pero el comercio no se interrumpe con un decreto sin asumir daños colaterales.
Al cierre de esta edición, nadie ha lanzado el primer misil. El pulso está servido. Marruecos suele jugar estas partidas con paciencia, y España, muchas veces, acaba moviendo ficha. La pregunta no es si habrá guerra comercial, sino quién tiene más margen para resistirla.