Por qué los romanos no avanzaron en anatomía pese a su violencia
Los romanos, famosos por sus legiones y sus baños de sangre en el Coliseo, tuvieron a su alcance un laboratorio anatómico gratuito: los cadáveres de las batallas. Sin embargo, la anatomía como ciencia apenas avanzó. ¿La razón? Un tabú religioso que prohibía tocar los cuerpos.
El tabú de la disección en la antigüedad
En la cultura grecorromana, manipular un cadáver era considerado un sacrilegio. La disección humana estaba mal vista, cuando no penada. Solo se conocen dos casos excepcionales: Herófilo y Erasístrato, médicos griegos de la Escuela de Alejandría, que realizaron disecciones con el apoyo de los Ptolomeos. Fue un episodio aislado y polémico. Galeno, el médico más influyente de la época, tuvo que basar sus estudios en hominido y otros animales.
Cirugía de guerra sí, anatomía no
No obstante, los romanos poseían un notable conocimiento quirúrgico. Las legiones contaban con médicos de campaña que sabían tratar heridas y fracturas. Usaban opio mezclado con vino como anestésico y mantenían altos estándares de higiene en sus baños públicos. El problema no era la capacidad técnica, sino la prohibición cultural de abrir un cuerpo humano para estudiarlo.
Violencia sin rédito científico
Irónicamente, la misma violencia que generaba cadáveres a montones —Julio César acabó con tres millones de celtas en las Galias— no impulsó el conocimiento anatómico. El tabú era demasiado fuerte. Hubo que esperar hasta la Baja Edad Media para que la disección comenzara a relajarse, y hasta el Renacimiento para que la anatomía diera un salto real.
La paradoja romana: la civilización que todo lo conquistó no se atrevió a hurgar en lo más inmediato de sus víctimas.
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