El PIB sube más que la inflación, pero el per cápita se reparte
El relato es impecable:
el PIB crece más que la inflación, las pensiones se pagan sin sobresaltos y la deuda se reduce poco a poco. Ergo, España va a mejor. La única pega es que el mismo pastel se corta cada año en más platos, y también el
PIB per cápita se diluye entre más manos. Ahí empieza el lío.
¿Sube el PIB per cápita con la inmigración?
Es la afirmación que abre la polémica: la llegada de población
subiría el PIB per cápita. La propia definición del indicador lo contradice. El PIB per cápita es un cociente: producción total partido por habitantes. Si el denominador crece más deprisa que el numerador, el resultado cae, por mucho que el PIB bruto bata récords. Un cálculo doméstico que circula lo aterriza: una pareja que ingresa 5.000 € al mes convive con dos personas más que suman 1.400 €; el producto del hogar sube a
6.400 €, pero el ingreso por cabeza se queda en 1.600 €. Más nevera, más cola en el baño, los mismos metros.
El IPC que no cuadra con la cesta de la compra
Del lado escéptico se repite un matiz que no es menor: el dato agregado no toca la nómina. La
inflación subyacente, la de los alimentos y la del alquiler cuentan otra historia, y son justo las partidas que no se pueden recortar. Que crezca el margen de la empresa no implica que crezca el salario de quien la levanta. El titular optimista se sostiene solo si uno no va al supermercado.
¿Se sostienen las pensiones con la hucha empeñada?
Que este mes se pague la nómina de los jubilados no equivale a garantizar la de dentro de veinte años. El sistema aguanta hoy tirando de
deuda pública y de impuestos transferidos, con el fondo de reserva comprometido desde hace años. Confundir la caja de un ejercicio con la solvencia del sistema es un clásico que se repite cada vez que el dato mensual sale bien.
Vivienda: reparto intergeneracional, no pobreza
Aquí el diagnóstico es menos discutible de lo que parece. Los jóvenes que compran lo hacen con herencia o con ayuda familiar, no con el sueldo. Eso no es un problema de pobreza: es de
reparto. Quien no hereda ni tiene padres que empujen se queda fuera del mercado, y ninguna cifra agregada tapa esa grieta.
Nadie discute que el PIB suba. Discuten a quién. Con estos mimbres, lo razonable es apostar a que la brecha entre la economía contable y la economía de la nevera siga abriéndose unos cuantos trimestres más. Aunque, fríamente, también podría cerrarse sola. Eso nadie lo firma.