Addis Abeba nocturna: el espejismo de un milagro económico
Un vídeo que circula por redes muestra Addis Abeba de noche: avenidas iluminadas, tráfico fluido, rascacielos. Para quien aún asocia Etiopía con las hambrunas de los 80, la imagen choca. Pero el debate real no está en los píxeles, sino en lo que ocultan.
El dato que rompe el estereotipo
Mientras la tasa de fecundidad nacional ha caído de 6 a 3,7 hijos por mujer en 25 años, en Addis Abeba ya roza el 1,5. Un nivel europeo. La capital concentra el 20% del PIB con solo el 4% de la población, según estimaciones del Banco Mundial. El problema es que el 70% de la fuerza laboral del país sigue en la agricultura de subsistencia, y el PIB per cápita apenas supera los 979 dólares. La guerra civil de hace cuatro años dejó 100.000 muertos y millones de desplazados.
China: el socio incómodo
La infraestructura que se ve en el vídeo —el nuevo aeropuerto, el ferrocarril reconstruido, las autovías— lleva sello chino. Etiopía se ha convertido en el trampolín industrial de Pekín en África oriental, pero a cambio de un acceso privilegiado a sus recursos: oro, tantalio, potasa y gas. La contrapartida es una deuda creciente y una dependencia estratégica que algunos califican de neocolonialismo. Mientras, Europa se limita a comprar café etíope y etiquetarlo.
Dos caras de una misma moneda
La paradoja es que el crecimiento de Addis convive con una desigualdad brutal. Las zonas filmadas son Bole Road y alrededores, donde se concentran diplomáticos, empresarios y la élite local. A pocos kilómetros, las chabolas de la periferia no aparecen en el encuadre. La pregunta que queda en el aire es si Etiopía está repitiendo el modelo de otras economías emergentes: un centro brillante rodeado de una periferia que apenas despega. O si, como algunos sostienen, la caída de la natalidad urbana acabará por arrastrar al resto del país.
¿Puede un país con 136 millones de habitantes y una guerra reciente convertirse en el próximo taller del mundo? El vídeo de Addis Abeba de noche no lo responde. Pero obliga a mirar más allá de las luces.