After Crying: la banda de prog húngaro que no deja indiferente
Hay músicas que se escuchan de fondo y otras que exigen sentarse, cerrar la boca y dejarse golpear. La banda húngara After Crying, en su etapa 1990-1996, pertenece claramente al segundo grupo. Con una mezcla de rock sinfónico, cámara y un toque oscuro casi gótico, sus discos "Overground Music", "Megalázottak és megszomorítottak" y "Föld és ég" son considerados por sus seguidores como obras maestras de la emoción contenida. Pero no todo el mundo aguanta más de cinco minutos.
¿Qué hace especial a After Crying?
La banda húngara se diferencia del prog neosinfónico anglosajón (The Flower Kings, Spock's Beard, Neal Morse) por su densidad y oscuridad. Mientras que el prog nórdico tiende a ser luminoso, técnico y con letras espirituales, After Crying suena a algo más visceral. Sus composiciones, cantadas en húngaro, evitan las estructuras predecibles y buscan una conexión emocional que puede resultar abrumadora. No es música para todos los públicos: o te atrapa o te aburre.
El cisma entre prog húngaro y prog nórdico
En una hipotética distopía donde solo se pudiera escuchar a una banda, los defensores de After Crying descartan de plano a The Flower Kings, Kaipa, Transatlantic, Spock's Beard y Neal Morse por considerarlos variaciones de lo mismo: un prog edulcorado y predecible. La elección, argumentan, es de pura supervivencia auditiva y variedad. Frente a la producción pulcra del prog nórdico, la crudeza de After Crying gana por goleada en autenticidad.
El veredicto: un gusto adquirido
Al final, After Crying no es una banda para tener de fondo. Es un test: o te seduce con su intensidad o te expulsa a los diez minutos. Quienes cruzan la barrera hablan de una experiencia musical única; quienes no, lo etiquetan de pretencioso. Lo que está claro es que, en un mundo de playlists diseñadas para no molestar, esta banda húngara sigue siendo un desafío. Y quizá por eso sigue siendo un secreto a voces del rock progresivo.