Shlomo Sand: la herejía de desmontar el mito nacional judío
En 2009, el historiador israelí Shlomo Sand publicó 'La invención del pueblo judío', un libro que se convirtió en bestseller en Israel a pesar de sostener que los judíos no tienen un origen étnico común, que el exilio del año 70 d.C. es un mito y que la mayoría de las comunidades judías actuales descienden de conversos, no de exiliados. Los israelíes, contra todo pronóstico, compraron masivamente una obra que dinamitaba el relato fundacional del sionismo.
La tesis de Sand: un pueblo inventado
Sand argumenta que la idea de un pueblo judío exiliado y disperso tras la destrucción del Segundo Templo es una construcción nacionalista del siglo XIX. Los kházaros, los bereberes y otros grupos convertidos al judaísmo constituyen el verdadero origen de muchas comunidades. El libro fue un terremoto intelectual, y su autor recibió desde elogios hasta amenazas. Ahora, Sand ha publicado un segundo volumen: 'La invención de la Tierra de Israel', que aplica la misma crítica a las reivindicaciones territoriales.
El debate sobre Abraham y las fuentes
El hilo aborda la figura de Abraham como pilar del relato. Mientras unos defienden su historicidad basándose en la Biblia, otros señalan que la era patriarcal es una construcción literaria tardía, compuesta en el período persa (siglo VI a.C.). La discusión sobre el origen de Abraham (Ur de los Caldeos, en el actual Irak) sirve para ilustrar cómo los mitos fundacionales se utilizan políticamente. Un sector del análisis sostiene que el nacionalismo sionista tomó el relato bíblico y lo politizó para crear una narrativa de continuidad y derecho histórico, mientras que otro sector argumenta que el vínculo con la tierra es real, documentado por tradiciones milenarias.
La paradoja israelí: éxito de ventas y rechazo oficial
El éxito de Sand en Israel revela una sociedad dividida entre el apego al mito y la demanda de verdad histórica. Los críticos más duros, dentro y fuera de Israel, lo acusan de socavar las bases del Estado judío. Sin embargo, como señala el propio Sand, la única legitimidad defendible para un Estado es la voluntad de sus ciudadanos, no los mitos de sus antepasados. La cuestión queda abierta: ¿puede un Estado moderno sostenerse sobre narrativas que la historiografía crítica desmonta?
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