El eclipse del 12 de agosto y la vieja prohibición del sexo
El sexo durante un eclipse no es peligroso, la ciencia lo lleva repitiendo décadas. Y aun así, cada vez que el sol se esconde en pleno día, la pregunta vuelve a los buscadores. El próximo 12 de agosto no será una excepción. Mientras millones levantarán la vista al cielo, unos cuantos teclearán en Google la misma duda con la esperanza de que esta vez el universo cambie de parecer.
La historia ofrece un catálogo de advertencias: muchas culturas interpretaron el eclipse como una señal divina y ordenaron abstenerse de ciertas prácticas. Los inuit groenlandeses y los aborígenes australianos aparecen en ese relato con recomendaciones propias, aunque el detalle de su consejo ha quedado a medias en la conversación pública. Lo que está claro es que ninguna civilización trató el fenómeno como un simple espectáculo astronómico.
El runrún previo al evento mezcla la anécdota con la guasa. Hay quien bautiza el eclipse como «el pacopalipsis» por cruzar de pleno la península, y quien aprovecha para ironizar sobre los rituales que preparan los poderosos. La tensión por Groenlandia, con la ofensiva de Trump para anexionarse la isla, también se cuela en los comentarios, no tanto como debate geopolítico cuanto como material para el chiste sobre refugiadas heladas.
Ciencia y superstición rara vez se han entendido. La primera recuerda que el único peligro real es mirar al sol sin protección; la segunda sigue viendo en la oscuridad del mediodía una advertencia en toda regla. Queda por ver si todo se reduce a una curiosidad pasajera o a un viejo reflejo cultural que se resiste a morir.