Series malas que vimos todos: el reinado de la tele sin internet
Médico de familia, Aída, Expediente X, Twin Peaks, Lost… la lista de series que congregaron a millones de españoles frente al televisor pero que, vistas hoy, provocan más carcajadas que la mejor comedia. En un país donde hasta bien entrados los 2000 no había streaming ni descargas, lo que echaban era lo que había. Y vaya si se tragaba.
La era del consumidor cautivo
Antes de que Netflix, HBO y compañía convirtieran la decisión de qué ver en un menú infinito, la oferta televisiva era un monopolio de facto. Las cadenas emitían lo que querían, cuando querían, y cambiaban horarios sin previo aviso. Como se recuerda, muchas temporadas se emitían de forma errática, dejando series sin final —el caso de ALF, cuyo desenlace se conoció años después por YouTube— o repitiendo capítulos hasta la saciedad.
En ese contexto, series como «Médico de familia» (1995-1999) alcanzaron audiencias de más de 8 millones de espectadores, a pesar de que, según múltiples análisis retrospectivos, su trama era un compendio de lugares comunes y su mensaje, para algunos, rayano en el adoctrinamiento familiar. No faltó quien la calificara como «adoctrinamiento puro», señalando que inoculaba la identificación minoría=víctima. La serie, sin embargo, tenía a Lola Baldrich, y eso bastaba para muchos.
El fenómeno de la serie mal pero con gancho
No todas las series malas lo eran por igual. Algunas, como «Aída», se defienden con personajes como Mauricio y Luisma, aunque otros las consideran cochambre. Otras, como «Heidi» o «La abeja Maya», eran tostones soporíferos que toda una generación soportó. Y no faltó quien señalara que «Expediente X» era puro humo magufo, o que «Lost» se hizo un bodrio a partir de la tercera temporada.
El debate deja claro que el criterio de calidad es subjetivo, pero hay un consenso: muchas de estas series eran objetivamente flojas, con guiones endebles, producción tacaño y actuaciones lamentables. El caso de «Águila Roja» es paradigmático: sus escenas de acción provocaban vergüenza ajena, según se comenta, y aun así logró mantenerse en antena años.
La sombra del adoctrinamiento y la ventana de Overton
Más allá de la calidad, algunos participantes apuntan a un efecto secundario: la televisión de entonces moldeaba mentalidades. Se menciona la «ventana de Overton» para explicar cómo series como «Friends» normalizaron la vida de treintañeros viviendo como adolescentes, o cómo «Sesso en Nueva York» inoculó en las muyer expectativas imposibles que las llevaron a una vida solitaria de gatos. «Médico de familia», por su parte, habría reforzado la idea de minoría=víctima. Estas críticas, ya lanzadas entonces, cobran nueva fuerza en la era del streaming donde el contenido se consume con filtro.
El legado de una era sin elección
Hoy, con cientos de series a un clic, resulta fácil juzgar lo que vimos. Pero aquellos que crecieron en los 80 y 90 saben que la tele era el único entretenimiento en casa. Como se dijo, «lo que molaba era ciencia ficción y dibujos», y el resto, pura baura. La nostalgia no puede ocultar que gran parte de aquella programación era cochambre, pero era nuestra cochambre. Y mientras internet no llegó, la tele mandaba.
Con todo, el análisis sugiere que muchas de esas series allanaron el camino a otras mejores: sin «Twin Peaks» no habría habido «Lost». Sin «Expediente X», no habría existido el universo de «Fringe». La tele de entonces, mala o no, fue el banco de pruebas de la ficción actual. Y eso, al menos, merece un respeto irónico.
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