Sexto test de cultura general: 26 jugadores y una pregunta maldita
El sexto test del torneo de
cultura general se convocó para el domingo 9 de marzo a las 22:00 en punto, con quince minutos de aviso previo y cinco de cortesía para los rezagados. La partida, un Kahoot de entre diez y veinte minutos, reunió a
26 participantes, una cifra que el propio organizador no sabía si constituía récord. El formato es implacable: se juega en simultáneo, sin margen para consultar, y el que llega tarde ve la partida desde fuera.
La mecánica es sencilla y por eso mismo despiadada. A las 21:50 los inscritos reciben un mensaje privado para confirmar que están listos; a las 22:00, el enlace. Quien no responde, no juega. La temática,
general, sin red: desde la bandera de Egipto hasta la universidad más antigua de Europa, pasando por películas de Bergman y grupos suecos de los setenta. El resultado, según los propios participantes, un ejercicio de
derroición colectiva con algún que otro momento de gloria.
Qué es el torneo de cultura general y cómo funciona
El torneo se organiza por ediciones numeradas. Esta es la sexta. El organizador convoca a los interesados, fija día y hora, y administra la partida a través de la plataforma Kahoot. La duración estimada, entre
10 y 20 minutos, depende de lo que tarden los participantes en completar las preguntas. No hay segunda vuelta ni repesca: el que falla, falla.
La lista de inscritos se publica en el mensaje inicial y los participantes confirman su asistencia en los días previos. Algunos avisan de que su disponibilidad depende de factores ajenos al torneo. «A ver si no es hora de follar, que lo dudo», escribió uno. Se apuntó igual. La convocatoria tiene algo de ritual: los mismos nombres, las mismas bromas y, al final, la misma sensación de que el nivel sube cada edición.
Las preguntas que desmontaron a los participantes
El test incluyó una pregunta sobre la universidad más antigua de Europa. La respuesta correcta, según la discusión posterior, es
Bolonia, pero la opción de Palencia generó confusión. Un participante relató que pulsó Palencia «al intentar pistolear» y que su grito de «NOOOO» se debió de oír a kilómetros. A partir de ahí, dijo, se derroició y falló casi todas las siguientes.
La pregunta sobre una película de Bergman también dejó víctimas. «La de la pelí del Bergman más todavía», escribió uno. Y la de San Pedro, otro. La bandera de Egipto, con la opción de Irak como distractor de colores parecidos, fue calificada de «un poco cabrón» por un participante. Las preguntas de fútbol y la de ABBA completaron el cuadro de desastres.
La pregunta foril que nadie acierta nunca
Hay una pregunta recurrente en el torneo que, edición tras edición, deja a los participantes con cero aciertos. Uno de ellos confesó que ya le «empieza a desesperar» y que casi prefiere preguntas de reguetón antes que eso. La constancia en el fallo es, en sí misma, un dato: no es casualidad, es un patrón.
El nivel de dificultad general fue calificado de «complicado» y «muy variado». Un participante resumió: «De la 20 a la 30 fui sido derroído». Otro destacó que el porcentaje de aciertos estaba siendo «bastante alto», lo que sugiere que, pese a los lamentos, el nivel medio de los convocados no es bajo. La queja forma parte del espectáculo.
La clasificación y la lucha por el bronce
La clasificación final dejó a dos participantes desmarcados en cabeza. «Se desmarcan definitivamente», escribió el organizador, «atrás nos quedamos cuatro para luchar por la medalla de bronce». El cuarto puesto generó protestas: «Cuarto puesto y todavía se queja», le espetaron. La respuesta fue un «córtate ya un poquito» que resume el tono de la competición.
El ganador de la edición anterior tiene derecho a redactar el siguiente test. «Confirmado que tienes que redactar el siguiente», le comunicaron. La cadena de mando del torneo funciona: el que gana, organiza. El que pierde, se queja. El que queda último, se consuela con que otro lo fue antes.
El método de estudio que desató las sospechas
Uno de los participantes más destacados confesó haber investigado la pregunta de la universidad más antigua. «He investigado y lo de Palencia es un sí pero no», escribió. Explicó que se abrió un precedente de universidad en la ciudad y pocas décadas después fue trasladado a Salamanca ya como universidad propiamente dicha. Añadió que Bolonia la precede en unas décadas y que algunos expertos atribuyen ese honor a una universidad de Fez, mientras otros sostienen que se trata de una madraza islámica y no de una universidad.
La investigación posterior a la partida es una constante del torneo. Los participantes no solo juegan: verifican, discuten y, en ocasiones, impugnan. La respuesta «Estrictamente sí es Palencia» de otro participante añadió más leña. El debate académico se mezcla con el competitivo sin que nadie pida permiso.
La resaca como factor de rendimiento
Uno de los participantes atribuyó su mal resultado a la resaca. «Yo no puedo con las resacas. Además cada vez son peores», escribió. Explicó que había salido con su marido y amigos y que se le fue «un poco la mano». La recomendación fue clara: «No te lo recomiendo». El torneo, en ese sentido, no entiende de excusas.
Otro participante relató que empezó el test «como en la 5ª pregunta» y que no sumó «ni un mísero point hasta entonces». La suma de despistes, resacas y dedos torpes en la pantalla del móvil configura un ecosistema competitivo donde el error humano es la norma, no la excepción.
El veredicto: buen test, cero reguetón
El balance general fue positivo. «Buen test, variado, animado, buen nivel de dificultad, preguntas sensatas y, lo más importante, cero reguetón», resumió uno. Otro lo calificó de «test de cultura general con mucha cultura general y variada». El organizador recibió felicitaciones y algún que otro reproche cariñoso por la dificultad.
La cifra de participantes,
26, quedó como posible récord. El porcentaje de aciertos, alto. La satisfacción, general. Y la pregunta foril, un año más, sin resolver. El torneo sigue, edición tras edición, con los mismos nombres, las mismas bromas y la misma certeza de que el domingo a las 22:00 nadie tiene excusa.