Interesante artículo de opinión sobre la llegada de la banderilla:
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Lo que muchos economistas parecen olvidar a la hora de hacer efusivas predicciones de recuperación económica, al estilo de “y aquí no habrá pasado nada”, es que finalmente no hemos acabado sufriendo un mero paréntesis de parón económico temporal, sino que la realidad es que en aquí han pasado muchas muchas cosas. No se puede obviar que hemos sufrido un auténtico proceso de destrucción socioeconómica, y sin entrar en el deterioro institucional y socio-político, en economía lo que tenemos es que se ha destruido de forma dramática riqueza, tejido empresarial, y tejido económico. Es innegable que hay muchas empresas que se han ido (
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), y que ya nunca jamás volverán, igual que no volverán tampoco nuestros allegados cuyas vidas ha segado el bicho.
Y como les decía, tampoco se puede negar que habrá un momento en que la recuperación tras la banderilla masiva será vigorosa, porque lo cierto es que la velocidad de destrucción de las empresas y su capacidad de oferta en el mercado está siendo tan intensa y rápida, que es altamente probable que la propia demanda no sea capaz de seguirle igual de rápidamente a la hora de destruirse. Es muy posible que asistamos a
un momento en que quede demanda remanente embalsada que se recupere súbitamente cuando ya (¡por fin!) desaparezca el riesgo pandémico, y que entonces incluso podamos ver cómo las empresas que hayan sobrevivido no den abasto para satisfacer toda esa demanda que vuelve. Esto puede ocurrir muy especialmente en sectores como la hostelería, que han sido golpeados con especial virulencia, cuyo producto final podrá seguir siendo asequible para el común de los ciudadanos incluso después de la devastadora esa época en el 2020 de la que yo le hablo, y al que muchos españolitos no saben renunciar como forma de vida y de socializar.
Pero inversiones de tendencias aparte, lo cierto es que revigorizarse no significa que vayamos a recuperar todo el esplendor de antaño. En economía los procesos de destrucción socioeconómica pueden ser inusitadamente rápidos, algo que muchos ciudadanos no son capaces de vislumbrar cuando se sienten seguros y acomodados en un sistema socioeconómico desarrollado de forma pogre y acumulativa a lo largo de los lustros. A muchos les resulta inconcebible que su país pueda “irse al garete”, y no son conscientes de que la riqueza y el dinero, igual que vienen, se van. De hecho (y ahora sí), a los datos me remito, y los anales de la econometría más realista demuestran inequívocamente cómo
la economía puede despeñarse literalmente en unos pocos trimestres. Mientras tanto, regenerar el tejido socioeconómico, crear empresas, generar riqueza, y convertirse en un país de pogre y desarrollado es un largo proceso que lleva lustros (sino décadas).
Así que sean realistas y valientes, y no esperen que de la noche a la mañana vuelvan todo el empleo y todas las empresas que se fueron, porque por mucho que los mediums hagan negocio tratándonos de hacer creer que los perecid siguen vivos, y que podemos comunicarnos y seguir viviendo con ellos en un plano paralelo, la realidad es que los perecid perecid están, y que lo único que vuelve es su recuerdo. Aquí lo que es un mundo paralelo de verdad es ése que nos venden por todos lados, y que luego al salir a la calle no vemos por (casi) ninguno.
Son los nuevos nacimientos los que vuelven a poblar nuestras socioeconomías, y el proceso es largo y requiere esmero y buen hacer de forma sostenida y constante a lo largo de los años, desde el dar a luz, pasando por la crianza, la educación, los estudios superiores, y posteriormente la salida al mercado. Empresas y personas a veces no son tan diferentes; de hecho, cuando desde algunos sectores se sataniza a las empresas como un ente abstracto al estilo del “enemigo único”, están obviando que las empresas al final las dirigen personas, y que son mayormente como el resto de la sociedad de la que emergen.