Un actor extranjero circulaba en patinete por la autovía A-55 en sentido contrario, cuadruplicando la tasa de alcohol. La sanción máxima es de 1.200 euros, pero sin puntos que retirar y con el infractor ya fuera de España, la multa es papel mojado.
El domingo por la noche, un hombre de 28 años, identificado como actor de origen extranjero, fue detenido por la Guardia Civil tras circular en patinete eléctrico por la A-55 a la altura de Mos, en sentido contrario y con una tasa de alcohol cuatro veces superior a la permitida. El siniestro fue sin otros vehículos implicados, según La Voz de Galicia. Pero lo que la noticia oficial omite es que el patinete estaba trucado para superar los 25 km/h –dejando de ser un VMP para convertirse en un vehículo a motor sin homologar– y que el conductor carece de permiso de conducir español, por lo que la retirada de puntos es imposible.
El agujero legal de los patinetes trucados
Cuando un patinete supera los 25 km/h, la DGT lo clasifica como ciclomotor, lo que exige carnet, seguro y matrícula. Pero en la práctica, las autoridades rara vez realizan peritajes técnicos. En este caso, según el atestado, el vehículo había sido modificado para alcanzar velocidades de autovía. Sin embargo, la fiscalía no solicitó medidas cautelares y el infractor, al ser extranjero y sin arraigo, pudo abandonar el país. La multa de 1.200€ queda sin cobrar y el conductor, según fuentes cercanas al caso, ya habría regresado a su país de origen.
¿Quién paga las consecuencias?
Mientras tanto, los conductores con carnet español y vehículo a su nombre enfrentan multas de hasta 1.500€ y 4 puntos por olvidar el seguro. La paradoja es evidente: el sistema fiscal y sancionador solo aprieta a quien tiene algo que perder. El patinete kamikaze se va de rositas, y la próxima vez que alguien intente una maniobra similar, sabrá que la ley es papel mojado si no hay bienes ni permisos que embargar.
La prensa que no contó toda la historia
La Voz de Galicia publicó la noticia destacando la sanción máxima de 1.200€, pero omitió el detalle clave: el infractor no tenía puntos que perder ni intención de pagar. El debate en redes sociales ha señalado que el enfoque mediático trata de evitar el titular incómodo: «otro guiri que se fue de vacaciones sin pagar». La judicialización de estos casos se topa con la realidad de que, sin fianza, el juzgado archiva.
La conclusión provisional es que la normativa de patinetes, diseñada para la micromovilidad urbana, no contempla a los kamikazes que juegan a la ruleta rusa en autovías. Y mientras no haya consecuencias reales, el siguiente trucado estará esperando su turno. Algo nos dice que este no será el último incidente de este calibre.