Cruz Roja Internacional recorta 2.900 empleos y el 17% de su presupuesto
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) lo hizo público el pasado 21 de noviembre: 2.900 despidos, el 15% de su plantilla global, y un tijeretazo del 17% a su presupuesto hasta dejarlo en 1.800 millones de francos. Su presidenta, Mirjana Spoljaric, lo llamó «decisiones difíciles». Es la primera gran organización que admite por escrito lo que el resto lleva meses ejecutando en silencio: Unicef, Acnur, Médicos sin Fronteras, Save the Children o World Vision han congelado proyectos, despedido personal o ralentizado operaciones en países donde hasta hace poco operaban con holgura. La combinación de dos fuerzas simultáneas —la caída sostenida del donante privado y la retirada abrupta de Estados Unidos— ha abierto una brecha que el sector califica sin ambages de histórica.
Por qué Estados Unidos deja un agujero que nadie tapa
Hasta 2024, Estados Unidos aportaba entre el **36% y el 42% de toda la financiación humanitaria mundial** y cubría más de la mitad del presupuesto anual de numerosas operaciones de la ONU. La desaparición de Usaid, su brazo humanitario, ha dejado un vacío estructural desde julio. No es un recorte: es la retirada del principal pagador. Las donaciones privadas, por su parte, no han dejado de caer tras el pico de solidaridad que provocó la guerra de Ucrania en 2022. En 2024 sumaron unos **7.000 millones de dólares**, muy lejos del récord anterior y muy por debajo de lo que aportan los Estados.
La portavoz de Acnur, Paula Barrachina, no se anda con paños calientes: «Es la mayor crisis financiera que ha tenido que vivir jamás el sector humanitario». Su organización depende en un 79% de contribuciones gubernamentales y de la Unión Europea, y ha sufrido recortes simultáneos de varios donantes tradicionales. Además de Estados Unidos, también Alemania o Japón. A finales de octubre, Acnur solo disponía del **33% de los recursos necesarios** para cubrir sus necesidades globales de 2025.
Las cifras del desmantelamiento: 185 oficinas y 8.000 despidos
El impacto se mide ya en estructuras cerradas. Acnur ha clausurado o fusionado **185 oficinas** en todo el mundo, ha reducido más del 30% de sus costes en sedes y oficinas regionales y ha eliminado la mitad de los puestos de alta dirección. Este año ha separado a más de **5.000 trabajadores** y previsiblemente llegará a 8.000 antes de final de año. En España, la oficina tiene que recortar el 50% de su capacidad en cuestión de días.
«Es devastador a todos los niveles. Muchas operaciones penden de un hilo», resume Barrachina. Los programas afectados no son abstractos: iniciativas contra la violencia de género, apoyo psicosocial a supervivientes de torturas, funcionamiento de escuelas o asistencia alimentaria. La propia portavoz admite que la caída no era previsible: «No vimos venir una brecha de financiación así. Sabíamos que habría ajustes, pero no que el impacto sería tan grande ni tan rápido».
El donante particular se cansa y el discurso público se endurece
Desde Médicos Sin Fronteras apuntan a un dato que no se veía en más de una década: «El descenso de este año de grandes donantes anónimos no ocurría desde hace más de una década. Eso nos obliga a retrasar aperturas de proyectos y a priorizar intervenciones». Blanca Carazo, responsable de Programas Internacionales en Unicef, añade una capa política al problema financiero: «No solo hablamos de menos fondos. Hablamos de discursos que ponen en duda la propia idea de solidaridad y de no dejar a nadie atrás».
Las organizaciones consultadas niegan que exista una crisis reputacional. El historial, sin embargo, incluye casos conocidos: Oxfam en el Congo y Haití durante 2018 o MSF en diversos países, entre ellos España. En conjunto, atribuyen el cese de ayudas particulares a la fatiga del donante individual, la dispersión mediática y el encadenamiento de crisis.
Las pequeñas se salvan: el socio fiel frente al gran aparato
La crisis no se reproduce con la misma intensidad entre las ONG pequeñas y medianas. Rafael Jariod, presidente de AgrupaONG, que representa a decenas de entidades de menor tamaño, lo explica por el vínculo: «Cada asociación es un mundo, pero en las pequeñas el vínculo con el socio es enorme. El socio es la organización». En su propia entidad, CCONG Ayuda al Desarrollo, las cuotas de socios casi se han duplicado este año. La paradoja es evidente: cuanto más grande la estructura, más expuesta al golpe.
Queda el dato que descoloca. Mientras el sector humanitario despide a miles de personas y cierra oficinas en países donde la asistencia es la última red, la conversación pública se ha desplazado a otro sitio: a discutir si esas organizaciones merecían el dinero. La brecha financiera es real y está cuantificada. La brecha de confianza, en cambio, no aparece en ningún balance.