Felipe VI recoge al Papa en un Falcon vetusto tras fallar el avión oficial
El avión papal, conocido como 'Papaplane', sufrió una avería que obligó a una operación de emergencia: el Rey Felipe VI tuvo que desplazarse personalmente en uno de los vetustos Falcon del Ejército del Aire para recoger al Pontífice y traerlo a España. El episodio, más propio de una comedia de enredo que de la diplomacia vaticana, ha levantado ampollas sobre el estado de la flota aérea gubernamental.
Las primeras informaciones apuntan a que el fallo se produjo en tierra, antes del despegue. La solución exprés fue recurrir a un Falcon 900, con décadas de servicio, que se emplea habitualmente para traslados de autoridades. La ironía no pasó desapercibida: mientras la Moncloa presume de modernizar la flota, el principal gesto diplomático del año se solventa con un avión que algunos califican de 'museo volante'.
El Falcon del Rey y las 'manchas' del pasado
Los Falcon 900 de la serie 30 del 45 Grupo llevan en activo desde los años noventa. Su mantenimiento ha sido objeto de críticas recurrentes; el emérito Juan Carlos I ya empleó uno bautizado extraoficialmente como 'Air Force Juan'. Las bromas sobre el estado de la aeronave no se hicieron esperar: 'pasaron las luces ultravioleta y no había centímetro del avión sin mancha', se comentó en redes, aludiendo a los excesos del anterior monarca.
Más allá del humor, la operación revela una preocupante falta de redundancia. El avión presidencial, un Airbus A310 modernizado, estaba disponible? No, según fuentes oficiosas. La alternativa fue un Falcon que, para colmo, tuvo que ser 'limpiado' antes de embarcar al Sumo Pontífice.
¿Sabotaje o negligencia?
Algunos analistas apuntan a un posible sabotaje. El incidente recuerda a otro reciente con un vuelo de Iberia donde el Papa apareció en cabina, lo que dio la vuelta al mundo. 'A alguien no le gustó', se especula. Otros señalan simple dejadez en el mantenimiento de una flota que acumula años de recortes presupuestarios.
Lo cierto es que la imagen de un rey recogiendo al Papa en un avión casi de la era preinternet no es la mejor tarjeta de visita para un país que presume de liderazgo tecnológico. Ni para una Hacienda que pagó el viaje en un Falcon que debería estar jubilado.
El coste oculto de la improvisación
Cada hora de vuelo de un Falcon 900 cuesta unos 6.000 euros, según tarifas oficiales. El desvío del Rey implicó además suspender su agenda, movilizar seguridad adicional y, probablemente, algún pago de compensación al Vaticano. Una factura que, sumada a la reparación del Papaplane, podría alcanzar cifras millonarias.
Mientras tanto, el Gobierno guarda silencio. El Ministerio de Defensa no ha emitido comunicado oficial sobre el estado del avión papal. La pregunta que flota en el aire: ¿cuántos aviones más están en condiciones de volar realmente?
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