Titulados sin futuro: así nace la clase de los peones universitarios
La clase media ha perecid, y los titulados universitarios son sus primeros enterradores. La tesis, defendida con crudeza en ámbitos de análisis económico no convencionales, sostiene que el binomio hipoteca + salario de guano ha creado un nuevo estrato social: el peón universitario. No es un síntoma, es la estructura.
El fin de la clase media por la vivienda
La burbuja inmobiliaria no solo disparó los precios de la vivienda; redefinió la pertenencia de clase. Un hipotecado no es clase media, argumentan los analistas: es un deudor que trabaja para el banco. Y los universitarios, con sus títulos, son ahora la mano de obra más barata y formada del mercado. Mientras la generación de sus padres —entre 45 y 65 años, sin estudios, cobrando 4.000 euros y echando 8 horitas— se aferra a un estatus heredado, los ingenieros de 30 años trabajan a destajo por mil y pico euros. La paradoja es perfecta: más preparación, menos poder adquisitivo.
Universidad de masas, fábrica de peones
El diagnóstico se repite: la universidad se ha convertido en un «sacacuartos» que expide títulos sin control. Carreras como Filología o Derecho saturadas, mientras ingenierías se vacían porque «no vale la pena». Pero incluso los ingenieros que encuentran trabajo —un sueldo de 24.000 euros brutos al año se considera «digno»— chocan con una realidad: las empresas españolas no demandan alta cualificación. Un ingeniero cum laude del MIT servirá para lo mismo que un cursillo de Oracle: poco. «En España no se hace nada de eso», se lamenta un análisis que circula entre los desencantados.
El sistema que premia la chapuza académica
Las anécdotas se acumulan. Profesores que basan sus apuntes en recortes de El País, asignaturas maría como ping-pong convalidables por créditos, planes de estudio calcados de otras titulaciones, y un «embudo» que retiene alumnos para cobrar segundas matrículas. «Cero problemas para entrar, todos para acabar». El sistema universitario, lejos de ser ascensor social, actúa como filtro de rentas. Y los que logran salir, salen con un título que el mercado trata como un papel mojado.
¿Hacia dónde vamos?
La crisis anunciada entonces —el hilo se escribió antes del crash de 2008— se ha cumplido con creces. La burbuja estalló, los salarios no se recuperaron, y la precariedad se consolidó. Pero el relato oficial sigue culpando a los jóvenes de no esforzarse. Quienes analizan los datos saben que el problema no es de oferta, sino de demanda. Mientras la economía española necesite peones para servir hipotecas, los títulos universitarios seguirán cotizando a la baja. Y la nueva clase social, la de los peones con carrera, no hará más que crecer.
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