La fundación de España: ¿casualidad o destino?
España como unidad política no fue un plan trazado con tiralíneas sino un cúmulo de gloria prematuras, herencias imprevistas y ramas dinásticas que se fueron cerrando por azar puro. Basta repasar la sucesión de los Reyes Católicos para toparse con una concatenación de accidentes: tras la gloria de Isabel, Fernando el Católico se casó de nuevo y tuvo un descendiente que murió recién nacido. De haber sobrevivido, la corona de Aragón se habría separado de la de Castilla, rompiendo la unión dinástica que dio origen a la España moderna.
El infante Miguel de la Paz, heredero de Castilla, Aragón y Portugal, falleció a los dos años, desbaratando la posibilidad de una unión ibérica bajo un solo cetro. Y Juana la Orate, cuarta en la línea de sucesión, acabó heredando porque todos los que la precedían murieron o quedaron descartados. Si Juana la Beltraneja hubiera heredado Castilla, quizás hoy hablaríamos de una unión con Portugal. Los defensores del destino manifiesto esgrimen que España era una "unidad de destino universal", pero los hechos sugieren que cada paso hacia la unificación dependió de un parto malogrado, una gloria infantil o un testamento inesperado. La pregunta sobre si España se fundó por casualidad encuentra en los datos más de una respuesta afirmativa.