La luz sube un 60% en 24 horas y tensiona la economía familiar
El precio de la electricidad en el mercado mayorista se disparó este jueves un
59,5% en apenas 24 horas, hasta los
90,14 euros/MWh, frente a los 56,51 euros del miércoles. El detonante, según el material que ha circulado, es el conflicto en Irán y la consiguiente tensión en el estrecho de Ormuz, por donde pasan a diario unos 200 petroleros. La subida no es un fenómeno aislado: coincide con el encarecimiento de los carburantes, del gas y de la cesta de la compra. La pregunta que sobrevuela es cuánto de este cóctel es coyuntura bélica y cuánto de estructura energética mal diseñada.
El estrecho de Ormuz y el efecto dominó sobre la energía
El cierre parcial del estrecho de Ormuz es el epicentro del terremoto. Según los datos que se manejan, desde el lunes apenas se cuentan con los dedos de una mano los petroleros que han cruzado, cuando lo habitual son 200 al día. A esto se suma que
Qatar ha detenido la producción de GNL e Irak ha parado la de petróleo. El resultado: el crudo ha escalado hasta los
85 dólares y el gas natural licuado un
80%.
La comparación con la crisis de 1973 no es gratuita. Hay quien sostiene que si el estrecho permanece cerrado y las infraestructuras energéticas de la zona sufren daños, el impacto podría ser equiparable al embargo petrolero de hace medio siglo. La diferencia es que entonces España dependía menos del gas natural licuado y hoy el 70% de las importaciones son hidrocarburos y gas, según los datos que se citan.
El mercado eléctrico español acusa el golpe con retraso pero con fuerza. El sistema marginalista, que fija el precio de toda la electricidad en función de la fuente más cara necesaria para cubrir la demanda, amplifica cualquier encarecimiento del gas. De ahí que las renovables, que deberían abaratar la factura, no impidan que el precio se dispare cuando el gas se dispara.
¿Por qué sube la luz si las renovables son baratas?
La paradoja es evidente: España cuenta con 48 GW de fotovoltaica instalada, según las cifras que se manejan, y sin embargo el precio mayorista se ha duplicado en un día. La explicación está en el diseño del mercado. Las renovables entran con coste marginal casi nulo, pero el precio final lo marca la tecnología más cara que entra en el despacho. Si el gas está por las nubes, la factura sube aunque el sol brille.
Hay quien defiende que el problema no es la falta de renovables sino la falta de almacenamiento. Las baterías permitirían desplazar excedentes de las horas centrales a las horas punta, reduciendo la dependencia del gas. Se mencionan proyectos con tecnologías incipientes, como las baterías de hierro-aire, que prometen costes muy bajos aunque con menor eficiencia y ciclos que las de ion-litio. El cálculo completo, con curvas de demanda y precios horarios, da una diferencia que sorprende.
Mientras tanto, el consumidor asiste a una volatilidad extrema: horas a
0,046 euros/kWh a mediodía y horas a casi
0,40 euros/kWh por la tarde. La gestión de electrodomésticos se convierte en un deporte de riesgo.
El impacto en el bolsillo: gasolina, gas y cesta de la compra
La electricidad no es el único frente. La gasolina y el gasóleo ya son unos
20 céntimos más caros que la semana anterior, según los datos que se cruzan. La inflación de marzo, se apunta, va a ser brutal, y no la maquillada que publican los índices oficiales.
El efecto se extiende a toda la cadena: producción, transporte y distribución de cualquier producto incorporan el coste energético. Hay quien calcula que los gastos fijos del ciudadano medio pueden subir entre un
20% y un 30% si se suman luz, gas, carburante y alimentación. Una familia con hipoteca variable y coche de gasolina lo nota en cada recibo.
La comparación entre tarifas fijas y variables añade otra capa de desigualdad. Quien tiene precio fijo garantizado para varios años se ríe del mercado spot. Quien está en tarifa variable, que según los datos es el 65% de los consumidores, sufre la volatilidad. La pregunta es cuánto durará esa ventaja para los primeros: cuando toque renovar, el precio fijo se recalculará al alza.El coche eléctrico, en el punto de mira
El encarecimiento de la luz reabre el debate sobre la viabilidad del coche eléctrico. Quienes defendían el vehículo eléctrico como refugio frente a la dependencia del petróleo ahora ven que la electricidad también sube. La respuesta de los defensores es que el consumo eléctrico sigue siendo mucho más barato por kilómetro que la gasolina, incluso con precios altos, y que el mix energético es más diversificable que el petróleo.
Los críticos señalan que un parque móvil 100% eléctrico tensionaría la red, especialmente si todos los coches se recargan a la vez. La solución pasaría por recargas inteligentes y uso racional, pero eso implica cambios de hábitos que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Además, se apunta que el Estado acabará gravando la electricidad del coche cuando la recaudación por carburantes caiga.¿Qué pasará con las nucleares y el precio de la luz?
En el fondo del debate está el papel de la energía nuclear. Se apunta que parte de la parada de producción en el despacho de carga corresponde a nucleares, lo que añade presión sobre el sistema. La nuclear, que no depende del gas ni del petróleo, podría amortiguar los picos si se mantuviera operativa, pero su continuidad está en cuestión.
La especulación también juega su papel. Hay quien denuncia que las petroleras venden combustible comprado meses antes a precio barato pero lo cobran al precio del día. Es el clásico efecto cohete y pluma: sube como un cohete cuando el crudo se encarece, baja como una pluma cuando se abarata.
Con este panorama, la pregunta no es si la luz bajará, sino cuándo y a qué coste. ¿Estamos ante un episodio pasajero o ante un cambio de régimen energético que nos obligará a repensar desde la calefacción hasta el transporte?