La herencia de Juan Tamariz: cuatro herederos contra la viuda
¿Qué queda cuando un mago deja el escenario? En el caso de Juan Tamariz, una baraja, un violín imaginario y una disputa patrimonial de las que no enseñan en los manuales. El maestro del cartomagia falleció el 18 de agosto a los 83 años por complicaciones del párkinson que lo habían apartado de la vida pública, y a los dos o tres días del entierro ya había estallado la guerra entre sus cuatro hijos, fruto de su primer matrimonio, y su viuda, Consuelo Lorgia. La información, publicada por Europa Press el 21 de agosto, habla de un enfrentamiento abierto por el patrimonio del mago.
El dinero no perdona ni la última función
Que el reparto de una herencia acabe en los tribunales no es ninguna novedad, pero cuando el difunto era un maestro de la ilusión, la cosa tiene guasa. Ana, Mónica, Alicia y Juan Diego Tamariz mantendrían un pulso abierto contra quien fue su madrastra, y la pregunta evidente es cuánto vale el patrimonio que se disputan. “Mucha pasta y patrimonio en juego”, resumen quienes siguen el caso, y que la noticia salte a dos o tres días del entierro subraya que el duelo y el testamento no siempre conviven. Hay quien sostiene que un mago que sabía anticiparse a la carta que ibas a elegir debería haber dejado el testamento atado y bien atado. Pero saber y hacer son cosas distintas.
Planificar el testamento o jugársela a las cartas
El conflicto tiene una lectura patrimonial clásica: si el cabeza de familia no ordena su sucesión en vida, la ley reparte y los herederos se pelean. Con cuatro hijos de un primer matrimonio y una viuda posterior, el choque es estructural: la legítima, las donaciones en vida, la vivienda, los derechos de imagen y hasta la colección de barajas se convierten en campo de batalla. No ha faltado quien, con humor negro, sugiera resolver la herencia a cartas sobre el ataúd. La imagen es perfecta para un creador de ilusiones, pero detrás está la brutalidad de una familia que ha tardado menos en pelearse que en enterrar al patriarca.
Tamariz, que sacaba conejos de sombreros ajenos, se ha llevado a la tumba el secreto de cómo repartir su patrimonio sin puñaladas. Los herederos, mientras, dan el espectáculo final en los juzgados. La última ilusión del mago: hacer que el dinero desaparezca entre familiares.