Milley: «Una victoria militar total no es viable»
El general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, lo dijo sin rodeos en el Economic Club de Nueva York: «Cuando existe una oportunidad de negociar, cuando se puede alcanzar la paz, aprovéchala. Aprovecha el momento». Y añadió el matiz que lo cambia todo: una victoria militar total de
Ucrania no es viable. El general felicitó al ejército ucraniano por superar todas las expectativas de militares y expertos. Léase despacio:
todas las expectativas. Es decir, según un cálculo que circula en el material, el escenario que se manejaba desde el principio no era la victoria, sino otra cosa.
El aviso de Milley no cae en el vacío. Llega cuando los aliados llevan semanas advirtiendo de que sus depósitos de munición son finitos y cuando algunos funcionarios de defensa, citados por medios occidentales, alertan de reservas en niveles «incómodos». Hay quien incluso pide a Kiev que modere la velocidad de uso de la artillería. La conclusión que se extrae del propio material es incómoda: cuanto más crezcan los problemas de la OTAN para pertrechar al ejército ucraniano, más aumentarán las presiones para buscar una salida negociada.
El consumo de munición que nadie quiere financiar
Los números que circulan en el material son elocuentes. A principios de verano, Ucrania gastaba unas
6.000 salvas de artillería por día, frente a las 20.000 de Rusia, según los informes del think tank RUSI. Otras fuentes elevan el disparo ruso al doble, 40.000. La asimetría es brutal y el problema no es solo de volumen: la OTAN no está por la labor de abrir nuevas líneas de producción, ni fábricas nuevas, para proveer tal cantidad de munición. El resultado práctico es que la escasez de proyectiles puede llevar a que se congelen las líneas de combate, se enquiste la ocupación y se fuerce a Kiev a sentarse, con cierta desventaja, en una eventual mesa de negociación.
Ahí está la contradicción que el propio material deja al descubierto. Por un lado, se reconoce que no se va a dar munición suficiente. Por otro, se exige a Ucrania que se lance en tromba antes de que llegue el invierno. El texto lo dice con una claridad que casi avergüenza: cuanto más rápido avancen las tropas de Kiev, más resolutivo será el apoyo de los países de la OTAN. Traducido: demuestra resultados o deja de contar con nosotros.
¿Por qué EEUU presiona para negociar y a la vez sigue armando a Ucrania?
Porque las dos cosas responden a lógicas distintas. La presión para negociar responde al cálculo militar: una victoria total no es viable y prolongar una guerra de desgaste tiene un coste que no compensa. El envío de armas responde al cálculo geopolítico: dejar caer a Ucrania en seco sería una humillación para la OTAN al completo. Hay quien sostiene que EEUU no puede permitirse el circo de una derrota propia tras Vietnam, Cuba, Corea, Afganistán, Iraq o Siria. En contra pesa el argumento de que ningún imperio ha acumulado tantos ridículos en tan poco tiempo.
La lectura más cínica del asunto también circula: el objetivo real nunca fue que Ucrania ganara, sino hundir la economía rusa y dañar a la UE usando a los ucranianos. Lo primero no se ha cumplido; lo segundo, sí. Y la UE ya no aguanta más daño del acumulado. El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, lo resumió a su manera: «La UE debe defenderse. Pido una respuesta unida y fuerte frente a EEUU». Cuando el aliado al que se le pide sacrificio empieza a hablar así, el relato se resquebraja.
El invierno como fecha límite real
El calendario manda. La primera ronda de presión ya está en marcha, el invierno se acerca y la UE ha dicho basta. EEUU teme la reacción de una crisis incontrolable en los países de la OTAN. Ahora toca aflojar. Pero eso no significa que el conflicto vaya a terminar: la previsión que se maneja es que continúe, como en Siria, enquistado y congelado.
Desde el inicio de la invasión, Ucrania ha liberado más de
77.700 kilómetros cuadrados de los hasta 200.000 km² que Rusia llegó a ocupar, incluyendo el Donbás y Crimea. Más de 1.620 ciudades, pueblos y otros asentamientos. Son cifras que impresionan y que explican por qué Kiev se resiste a sentarse. Pero también explican por qué Moscú no tiene prisa: en 2014 recuperó Crimea; ahora la región del Donbás, Zaporiyia y la mayor parte de Jersón. De seguir así, dentro de ocho años, Odesa y Transnistria.
Quién decide realmente en Kiev
La pregunta sobre la soberanía ucraniana planea sobre todo el asunto. Ucrania es un país soberano y un país soberano no está obligado a aceptar órdenes de nadie. Quien decide es su presidente. Hasta ahí, la teoría. En la práctica, si el único dispuesto a regalar los ladrillos, las vigas y el hormigón es otro, la casa se construye mientras a ese otro le salga de las venas. Y cuando deje de salirle, a tomar por saco la casa. Podrá ponerse muy digno, pero eso no hará que le crezcan ladrillos en los árboles.
Zelenski lo sabe. Hace unos meses se permitía decirles a las empresas españolas con quién podían y con quién no podían comerciar. Hoy su margen se estrecha por días. La contradicción entre el discurso público y la dependencia material es cada vez más difícil de sostener.
Lo que Rusia aprendió y lo que Europa paga
El ejército ruso ha quedado en evidencia. Eso es indiscutible. La próxima vez se lo pensará mucho antes de atacar otro país, y los países limítrofes estarán más preparados y desconfiarán más. Europa, aunque dolorosamente, se desvinculará de Rusia, eliminará la dependencia energética y fortalecerá sus fuerzas armadas. Ucrania llevaba desde 2014 con una guerra enquistada; mejor liberarse de esas zonas prorrusas y aprovechar las nuevas simpatías de occidente para occidentalizarse.
Solo por ahorrarse el bochorno y el ridículo que ha hecho el ejército ruso en Ucrania, si Putin lo hubiera sabido no hubiera atacado. O se hubiera limitado a apoyar a los rebeldes del Dombás. Así que Rusia ya ha perdido. Le está costando más el collar que el perro. O no. Porque el collar, al final, lo pagamos otros.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: si EEUU presiona para negociar, si la munición se agota, si la UE se rebela y si Rusia no tiene prisa, ¿quién sostiene a Zelenski en la mesa? Nadie lo dice. Y ahí sigue la guerra.