Pareja de ancianos apaleada en autobús: el juez libera al agresor sin cargos
La noticia es de las que encienden la mecha de la indignación: un joven de origen magrebí y nacionalidad española, con un historial policial que incluye agresiones anteriores, golpea a un matrimonio de edad avanzada en un autobús de Bilbao porque le recriminaron que llevaba la música demasiado alta. La Ertzaintza lo detiene, pero el juez lo pone en libertad inmediatamente. La víctima, al parecer, ni siquiera tuvo tiempo de poner la denuncia antes de que el magistrado firmara la soltura.
El patrón de la impunidad
El agresor no era un desconocido para la Policía. Según la información del caso, había sido detenido en numerosas ocasiones. Apenas un mes antes, había golpeado a un señor al que le había pedido un cigarro. A pesar de estos antecedentes, la decisión judicial fue la libertad sin medidas cautelares. En el entorno digital, el caso ha generado un torrente de análisis que van desde la crítica al sistema judicial hasta la advertencia sobre los efectos de la política migratoria.
El giro del 'disfrutando lo votado'
Lo que distingue a este debate es la aparición de un argumento que culpa a las propias víctimas: la teoría de que, al haber votado a ciertos partidos (concretamente, se señala a Vox como el más probable), los ancianos habrían contribuido a crear el entorno que ahora los agrede. Un usuario calculó que, asumiendo una abstención del 50%, la probabilidad de que ambos hubieran votado a Vox era del 1,7%. Con ese dato, se concluye que hay un 98,3% de probabilidades de que sea un caso de "disfrutando lo votado". La ironía no pasa desapercibida: los mismos que se quejan de la inseguridad habrían apoyado a quienes, según esta lógica, la fomentan.
La respuesta de las trincheras
Frente a esa corriente, otra postura señala que el verdadero responsable es el sistema judicial, que actúa con manga ancha con los agresores reincidentes, especialmente si son de determinados orígenes. Se menciona que el juez "perdió el culo" por ponerlo en libertad antes de que las víctimas denunciaran, y que la Ertzaintza y la Fiscalía no presionaron para evitar la fuga. Algunos van más allá: hablan de un diseño deliberado para descomponer la cohesión social, citando a Lippmann, Bernays y Rothbard como referentes de una estrategia de "gobernanza del caos".
La pregunta que flota es si el caso es un fallo puntual o la punta del iceberg de un sistema que protege al agresor por encima de la víctima. Mientras tanto, los dos ancianos siguen en el hospital, y el agresor, en la calle.
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