Cerdán no entrega el acta y mantiene el escaño
El secretario de Organización del
PSOE, Santos Cerdán, no ha presentado la renuncia a su escaño en el Congreso. La noticia la adelantaron varios medios y la confirmó el propio partido con un escueto comunicado. El gesto contradice el anuncio que el propio Cerdán había firmado apenas un día antes, cuando se comprometió a dejar el acta tras conocerse el informe de la UCO sobre sus presuntos vínculos con la trama de hidrocarburos. La decisión de mantenerse en el escaño le garantiza el aforamiento ante el Tribunal Supremo y complica la estrategia de Ferraz, que ve cómo el caso se enquista.
El aforamiento como escudo
La clave no es política, es procesal. Al conservar el acta, Cerdán mantiene la condición de aforado y cualquier investigación sobre su persona debe pasar por el Tribunal Supremo, no por un juzgado ordinario. Eso ralentiza los plazos, diluye la presión mediática y, sobre todo, impide una detención o un registro domiciliario exprés.
Hay quien sostiene que la UCO ya ha puesto el foco en sus cuentas y en su agenda de contactos, pero sin el levantamiento del aforamiento no puede actuar con la misma contundencia que en otros casos. El cálculo es frío: ganar tiempo.
Hay quien sostiene que la decisión responde a una orden directa de Ferraz para evitar que el caso salte a los titulares cada mañana. Otros apuntan a una estrategia personal de Cerdán, consciente de que sin escaño queda expuesto a la justicia ordinaria y a la presión de sus propios compañeros. En cualquier caso, el resultado es el mismo: el PSOE pierde un diputado en el grupo socialista y lo gana, de facto, en el grupo mixto, donde ya se sienta José Luis Ábalos.
El grupo mixto se refuerza
Con Cerdán, el grupo mixto suma ya dos exdirigentes socialistas de primer nivel. Ábalos llegó antes, tras su salida del partido por el caso Koldo. Ahora Cerdán se resiste a seguir el mismo camino. La aritmética parlamentaria empieza a ser incómoda para el Gobierno: cada diputado que abandona el grupo socialista es un voto menos en una legislatura que se sostiene sobre mayorías frágiles. Y no es solo una cuestión numérica. La imagen de dos secretarios de Organización consecutivos sentados en el grupo mixto es un golpe reputacional difícil de digerir.
El cálculo más optimista para Ferraz es que Cerdán rectifique en cuestión de días y entregue el acta. El escenario pesimista es que se aferre al escaño hasta el final, obligando al partido a un pulso interno que desgaste aún más al Gobierno. Mientras tanto, la oposición ya ha encontrado munición: cada día que pasa sin renuncia es un titular nuevo.
La sombra de la amnistía y el indulto
En el trasfondo del caso planea una pregunta incómoda: ¿puede el Gobierno ofrecer algún tipo de salvoconducto a Cerdán a cambio de su salida ordenada? La amnistía aprobada para los implicados en el procés ha sentado un precedente que algunos leen como una puerta abierta a futuras medidas de gracia. Un indulto requeriría sentencia firme, algo que aún no existe. Una amnistía específica sería un salto cualitativo que el Ejecutivo no ha insinuado siquiera.
Lo que sí está sobre la mesa es la negociación política. Cerdán controla una parte del aparato del partido y conoce los entresijos de la financiación socialista. Su silencio, o su colaboración, tiene un precio.
Hay quien sostiene que su resistencia a entregar el acta es una forma de mantener ese poder de negociación intacto. Sin escaño, sin aforamiento y sin cargo, su capacidad de presión se reduce a cero.
El reloj corre para todos
La UCO sigue trabajando. El informe sobre las cuentas de Cerdán y sus reuniones con los empresarios de la trama está en manos del juez, pero cualquier paso adicional requiere superar el muro del aforamiento. Esa es la verdadera razón por la que el secretario de Organización no ha soltado el acta. No es un descuido, no es un olvido. Es una decisión calculada que busca ganar semanas, quizá meses, mientras el partido decide si lo sacrifica o lo protege.
El problema para Ferraz es que cada día que pasa sin renuncia es un día más de desgaste. La oposición no necesita inventar nada: le basta con recordar que el número tres del PSOE sigue sentado en su escaño mientras la UCO investiga sus presuntos vínculos con una trama de corrupción. Y eso, en año electoral, es dinamita.