La liturgia diaria encuentra nuevo altar en los foros
¿Quién necesita ir a misa cuando el evangelio del día llega puntual al navegador? Cada mañana, un usuario anónimo –podría ser un fraile, un catequista o un laico con vocación– cuelga las lecturas del día, el santoral y el enlace a la homilía del padre Santiago Martín. La estructura es casi litúrgica: primera lectura del Segundo libro de los Reyes, salmo responsorial y el famoso ruego “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. A las 22.00, el santo rosario. Y a las 15.00, la coronilla de la Divina Misericordia.
Un rito que no entiende de pantallas
La publicación se repite cada día con precisión de reloj. No hay variación: el formato es fijo, incluyendo la coletilla del salmo 137 –“Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti”– que evoca el exilio de Babilonia. Quienes participan no suelen debatir; agradecen, comentan los apotegmas de los Padres del Desierto que de vez en cuando intercala otro usuario, y se despiden. La comunidad es silenciosa, devota, fiel.
¿Fe o automatismo?
Lo curioso es que el mensaje lo escribe siempre el mismo perfil –rafabogado–, pero su contenido rara vez genera intercambio. ¿Es un espacio de oración comunitaria o un muro de citas bíblicas copiadas y pegadas? La línea es fina. Lo que está claro es que, para algunos, el primer café va acompañado de la Palabra, y eso, en un mundo que va a 200 pulsaciones por minuto, tiene su punto de resistencia.
La ironía es que el mismo hilo que anuncia la misa en directo a las 20h. recuerda que la tecnología no salva, pero ayuda a no perderse la llamada. Mientras Google indexa estos versículos, alguien, desde su casa, reza. Que se le pegue la lengua al paladar si no se acuerda.