El cinturón podrido de Jeremías: la lectura que no deja indiferente
El profeta Jeremías recibe una orden divina que hoy, leída en las iglesias, sigue despertando preguntas incómodas: comprar un cinturón de lino, esconderlo junto al Éufrates y recuperarlo podrido. La imagen es cruda, y el mensaje que subyace invita a una reflexión sobre la fidelidad y sus consecuencias.
¿Qué dice exactamente el pasaje?
La primera lectura de este lunes, 27 de julio, corresponde a Jeremías 13, 1-11. El Señor ordena al profeta que se ciña un cinturón de lino, pero sin mojarlo en agua. Después de un tiempo, debe esconderlo en una hendidura del Éufrates. Más tarde, cuando lo recupera, el cinturón está podrido, inservible. La metáfora es directa: así como el cinturón se adhiere a la cintura, Dios quería que Israel se adhiriera a Él, pero el pueblo lo ha despreciado y quedará inservible como el cinturón podrido.
El contexto litúrgico
La lectura se inscribe en el ciclo de lecturas del tiempo ordinario. La homilía, a cargo del padre Santiago Martín (Franciscanos de María), suele insistir en la advertencia profética contra la soberbia y la infidelidad. El pasaje termina con una frase que da título al día: «Despreciaste al Dios que te engendró», un eco del Deuteronomio que resuena en el rosario que se rezará a las 22.00.
Un mensaje que sigue vigente
La imagen del cinturón podrido no ha perdido fuerza. En un mundo donde las instituciones y las promesas se desgastan, el texto invita a examinar la coherencia entre el discurso y la práctica. El dato que descoloca: a pesar de siglos de predicación, la metáfora del 'cinturón podrido' sigue describiendo realidades humanas que se alejan de su origen, en cualquier ámbito.