rafabogado
Será en Octubre
18.05.26. Santo Rosario.
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
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Salve
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Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones mar1):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy lunes y las lecturas:
“ Tened valor: yo he vencido al mundo ”
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa sarracena.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has ansioso de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de Fray Germán Pravia O.P., del Real Convento de Predicadores (Valencia).
En la primera lectura, la acción evangelizadora de la Iglesia llega hasta Éfeso a través de la misión de Pablo y la fuerza del Pentecostés experimentado por la comunidad de Jerusalén se revive en los creyentes de Éfeso que reciben el evangelio de Jesús.
Según el texto, apenas el apóstol impone las manos el Espíritu se derrama efusivamente sobre los creyentes con la misma fuerza que en la primera comunidad. Como si Dios estuviera atento al primer atisbo o gesto de receptividad humanos para entregarse a manos llenas en la vida de las personas.
«Eran en total unos doce hombres», precisa Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, dando a entender –en el símbolo del número– que es la misma Iglesia de Jesucristo la que nace nueva en cada lugar por el Espíritu Santo. Es una misma Iglesia y, a la vez, siempre renovada.
A los cristianos occidentales de hoy nos cuestiona esta frase: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo». Y me recuerda a un libro que escribiera nuestro hermano, el p. Royo Marín: “El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus dones”. Es que los cristianos podemos vivir nuestra fe sin tomar conciencia del papel fundamental del Espíritu en nuestra vida. Seguir a Jesús no se consigue, simplemente, por nuestro esfuerzo, pues “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Salmo 127/126), sino por la apertura y libertad con que dejemos obrar al Espíritu de Dios en nosotros.
No se trata solo de saber sino de dejarle obrar. Podemos saber recitar el Credo y conocer teóricamente quién es el Espíritu Santo, pero podemos no saber cómo darle espacio y cabida en nuestra vida.
¿Estaremos siendo más discípulos de Juan que de Jesús? Es decir, ¿estaremos más atentos al esfuerzo de la Ley, al perfeccionismo de las penitencias, a lo estrictamente justo…? ¿o más bien, nos dejamos animar por el “derroche del perfume” de la caridad: perdonar 70 veces 7 a los hermanos, acompañar la milla extra, asumir los últimos puestos, lavar los pies...? ¿Qué prima en nosotros?
¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.
Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de gloria, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.
Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!
Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).
Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y pogre en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.
Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo?
Fuente:
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Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
Salve
Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones mar1):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy lunes y las lecturas:
“ Tened valor: yo he vencido al mundo ”
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.
Salmo de hoy
Salmo 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa sarracena.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has ansioso de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
---
Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de Fray Germán Pravia O.P., del Real Convento de Predicadores (Valencia).
Reflexión del Evangelio de hoy
“Vino sobre ellos el Espíritu Santo”
Estamos en la última semana de Pascua, semana en la que la Iglesia vive la espera de Pentecostés.En la primera lectura, la acción evangelizadora de la Iglesia llega hasta Éfeso a través de la misión de Pablo y la fuerza del Pentecostés experimentado por la comunidad de Jerusalén se revive en los creyentes de Éfeso que reciben el evangelio de Jesús.
Según el texto, apenas el apóstol impone las manos el Espíritu se derrama efusivamente sobre los creyentes con la misma fuerza que en la primera comunidad. Como si Dios estuviera atento al primer atisbo o gesto de receptividad humanos para entregarse a manos llenas en la vida de las personas.
«Eran en total unos doce hombres», precisa Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, dando a entender –en el símbolo del número– que es la misma Iglesia de Jesucristo la que nace nueva en cada lugar por el Espíritu Santo. Es una misma Iglesia y, a la vez, siempre renovada.
A los cristianos occidentales de hoy nos cuestiona esta frase: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo». Y me recuerda a un libro que escribiera nuestro hermano, el p. Royo Marín: “El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus dones”. Es que los cristianos podemos vivir nuestra fe sin tomar conciencia del papel fundamental del Espíritu en nuestra vida. Seguir a Jesús no se consigue, simplemente, por nuestro esfuerzo, pues “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Salmo 127/126), sino por la apertura y libertad con que dejemos obrar al Espíritu de Dios en nosotros.
No se trata solo de saber sino de dejarle obrar. Podemos saber recitar el Credo y conocer teóricamente quién es el Espíritu Santo, pero podemos no saber cómo darle espacio y cabida en nuestra vida.
¿Estaremos siendo más discípulos de Juan que de Jesús? Es decir, ¿estaremos más atentos al esfuerzo de la Ley, al perfeccionismo de las penitencias, a lo estrictamente justo…? ¿o más bien, nos dejamos animar por el “derroche del perfume” de la caridad: perdonar 70 veces 7 a los hermanos, acompañar la milla extra, asumir los últimos puestos, lavar los pies...? ¿Qué prima en nosotros?
“Os he hablado … para que encontréis la paz en mí”
Si bien el contexto literario del evangelio de hoy es la Última Cena, en realidad, este discurso de despedida de Jesús a los discípulos se comprende mejor desde un trasfondo pascual. Como si Jesús Resucitado anticipara los acontecimientos por venir y enseñara a los discípulos a enfrentar las dificultades, cruces y persecuciones que estarán en nuestra historia.¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.
Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de gloria, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.
Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!
Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).
Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y pogre en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.
Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo?
Fuente:
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Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
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