Religión: Santo evangelio de hoy. Domingo, 8 de noviembre, "Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío" *******************************Sto.Rosario a las 22.00

Santo evangelio de hoy. Domingo, 8 de noviembre, "Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío" *******************************Sto.Rosario a las 22.00
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La parábola de las diez vírgenes (Mateo 25,1-13) cierra el discurso escatológico de Jesús con una idea sencilla: la preparación para la venida del esposo no se puede delegar ni comprar a última hora. Las lecturas de este domingo, tomadas de Sabiduría 6,12-16 y 1 Tesalonicenses 4,13-18, insisten en lo mismo desde ángulos distintos: la sabiduría se busca a diario y la esperanza en la resurrección sostiene la espera.

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La parábola de las diez vírgenes (Mateo 25,1-13) cierra el discurso escatológico de Jesús con una idea sencilla: la preparación para la venida del esposo no se puede delegar ni comprar a última hora. Las lecturas de este domingo, tomadas de Sabiduría 6,12-16 y 1 Tesalonicenses 4,13-18, insisten en lo mismo desde ángulos distintos: la sabiduría se busca a diario y la esperanza en la resurrección sostiene la espera.

El domingo 8 de noviembre la liturgia católica propone un tríptico que gira alrededor de una pregunta incómoda: ¿qué hacemos mientras esperamos lo que no sabemos cuándo llega? El libro de la Sabiduría, el salmo 62, la primera carta a los Tesalonicenses y el evangelio de Mateo no son piezas sueltas. Están elegidas para que se iluminen entre sí. Y lo que emerge es una pedagogía de la espera que tiene poco de pasividad y bastante de previsión.

La sabiduría que madruga y se deja encontrar

El texto de Sabiduría 6,12-16 pertenece a un libro escrito en griego, probablemente en Alejandría, en el siglo I antes de Cristo. Su autor, un judío helenizado, recupera la figura de la sabiduría (hokma en hebreo) y la presenta casi como una persona que sale al encuentro. Radiante, inmarcesible, se adelanta a manifestarse a quienes la desean. Quien madruga por ella no se cansa, porque la encuentra sentada a su puerta.

Esa imagen de la sabiduría sentada a la puerta tiene miga. En el mundo antiguo, el maestro se sentaba a la puerta de la ciudad o del templo para enseñar. Aquí es la sabiduría la que espera al discípulo, no al revés. El texto dice que meditar sobre ella es prudencia consumada y que quien vela por ella pronto se verá libre de preocupaciones. No es un saber teórico al estilo griego. Para el autor sagrado, la sabiduría es el conocimiento que permite obrar bien, tomar decisiones acertadas y vivir con justicia ante Dios.

El poema insiste en algo que después recogerá el evangelio: la sabiduría no se compra ni se improvisa. Se busca. Se desea. Se madruga por ella. Quien la deja para el último momento se queda sin ella, igual que las vírgenes necias se quedaron sin aceite.

Pablo consuela a los tesalonicenses con la resurrección

La segunda lectura, 1 Tesalonicenses 4,13-18, es uno de los textos más antiguos del Nuevo Testamento. La carta se escribió hacia el año 50 después de Cristo, apenas veinte años después de la muerte de Jesús, y es probablemente el escrito cristiano más antiguo que conservamos. Pablo responde a una preocupación concreta de la comunidad de Tesalónica: ¿qué pasa con los hermanos que han muerto antes de la venida del Señor? ¿Se quedan fuera de la gloria?

La respuesta de Pablo es clara: no. Los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después, los que vivan serán llevados con ellos al encuentro del Señor. La afirmación central no es el cuándo ni el cómo, sino el hecho: la muerte no rompe la comunión con Cristo. Pablo lo dice apoyándose en la palabra del Señor, no en especulaciones propias. Y termina con una instrucción práctica: consolaos mutuamente con estas palabras.

Hay un detalle que conviene no pasar por alto. Pablo, al comienzo de su misión, pensaba que él mismo vería la venida del Señor. Esa convicción era común entre los primeros cristianos, heredada de corrientes apocalípticas del judaísmo. Con el tiempo, su pensamiento evolucionó. En la carta a los Filipenses (1,20-24) ya plantea que morir es ganancia y estar con Cristo es lo mejor. La espera se fue transformando en algo más profundo: no un cálculo de fechas, sino una forma de vivir.

Las diez vírgenes: el aceite que no se presta

El evangelio de Mateo 25,1-13 es exclusivo de este evangelista. Narra la parábola de diez vírgenes que salen al encuentro del esposo con sus lámparas. Cinco son necias y cinco prudentes. Las necias no llevan aceite de reserva. Las prudentes sí. El esposo tarda, todas se duermen, y a medianoche llega el aviso. Las necias piden aceite a las prudentes. La respuesta es seca: por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis. Mientras van, llega el esposo, entran las preparadas y se cierra la puerta. Las otras llegan tarde y oyen: no os conozco.

La parábola tiene varios niveles de lectura. El número diez remite a la comunidad reunida para la oración, que en la tradición judía requería un mínimo de diez varones adultos. El aceite era signo de las buenas obras, de la alegría de la acogida y de la unción mesiánica. Las lámparas encendidas representan la fidelidad sostenida. Y el esposo que tarda es el Señor cuya venida no tiene fecha.

Lo que Jesús subraya no es la crueldad de las prudentes, sino la imposibilidad de improvisar la preparación. El aceite no se puede transferir. La vida vivida con sabiduría no se puede pedir prestada a última hora. La parábola no atemoriza: advierte. Y la advertencia es la misma que recorre toda la liturgia del domingo: velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Una espera que se parece más a la vigilia que al cálculo

Las tres lecturas de este domingo convergen en una idea que el papa Francisco ha repetido en varias ocasiones: la esperanza cristiana no es optimismo barato ni cálculo de probabilidades. Es vigilia activa. La sabiduría se busca cada día. La resurrección se cree y se anuncia. El aceite se acumula gota a gota con las obras, con la oración, con la paciencia.

El salmo 62, que se proclama entre la primera lectura y la segunda, pone voz a esa actitud: mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Como tierra reseca, agostada, sin agua. La sed no se sacia con un trago puntual. Se sacia con una búsqueda sostenida. Y esa búsqueda es la que llena las alcuzas.

La parábola de las vírgenes se ha interpretado a veces como una amenaza. Leída junto a Sabiduría 6 y a Tesalonicenses 4, se entiende mejor como una invitación. El esposo llega. La puerta se abre. La fiesta existe. Lo único que se pide es tener la lámpara encendida cuando suene la voz. Nada más. Y nada menos.

Quien tenga dudas sobre el sentido de estas lecturas o quiera profundizar en ellas puede consultar a un sacerdote o a un teólogo. Este artículo no sustituye la orientación pastoral ni el estudio personal de la Escritura.

Datos clave
  • Mateo 25,1-13 narra la parábola de las diez vírgenes, cinco necias y cinco prudentes, que esperan al esposo con sus lámparas.
  • Sabiduría 6,12-16 presenta la sabiduría como alguien que se adelanta a manifestarse a quienes la desean y madrugan por ella.
  • 1 Tesalonicenses 4,13-18, escrita hacia el año 50, es uno de los textos más antiguos del Nuevo Testamento y afirma la resurrección de los muertos en Cristo.
  • El número diez de las vírgenes remite al mínimo requerido para la oración comunitaria en la tradición judía.
  • El aceite de las lámparas era signo de las buenas obras y de la unción mesiánica en la simbología bíblica.
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A continuación, el Evangelio de hoy domingo y las lecturas:

“ Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas ”

​

Primera lectura​

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16​


Radiante e inmarcesible es la sabiduría,
la ven con facilidad los que la aman
y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa,
pues la encuentra sentada a su puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada
y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro
buscando a los que son dignos de ella;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al encuentro en cada pensamiento.

Salmo​

Salmo 62, 2abc. 2d-4. 5-6. 7-8 R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.​


Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R/.

Segunda lectura​

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18​


No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han perecid.
Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor:
nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan perecid; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los perecid en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Evangelio del día​

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13​


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”.
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
“Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, de Fray Miguel de Burgos Núñez O.P.(1944 - 2019).



Comentario bíblico al Evangelio de hoy​


La Lectura (Sabiduría 6,12-16): Abrirse a la sabiduría​

La liturgia de este domingo, intenta marcar la pauta de lo que es la apertura al último destino del hombre y de la vida. Efectivamente, sin la sabiduría, que es la esencia de lo bueno, de la felicidad, de lo ético y estético, la vida perdería su hermosura y su dimensión escatológica (lo que la lleva más allá de la experiencia de la finitud y de la gloria). Por ello, ser sabio, en la Biblia, no es estudiar una carrera para aprender muchas cosas; no es cuestión de cantidad, sino de calidad; es descubrir constantemente la dimensión más profunda de nosotros mismo y de Dios. Para los hebreos, los enemigos de la fe en Dios no eran el escepticismo ni la incredulidad sino la adoración a los dioses paganos, meros productos de la imaginación humana descarriada.

Los hebreos no buscaban el conocimiento teórico sino la sabiduría (hokma), es decir; el pensar correctamente para tomar decisiones acertadas y vivir una vida justa ante Dios. En el origen de su semántica hebrea la sabiduría no era un saber cualquiera ni puramente teórico —a la manera griega— sino el conocimiento necesario para la acción. El que tenían, por ejemplo, los arquitectos cananeos para construir el templo de Salomón. Pero también y especialmente el conocimiento que tuvo Salomón para conducir a su pueblo. Era, sobre todo, la sabiduría que transmitía Dios a Israel para llevarlo a su plenitud, a la verdadera Felicidad, y expresada de un modo sintético y sublime en los mandamientos.
¿Dónde está esa sabiduría? El autor de este libro lo tiene claro: en Dios, el autor de la vida y de lo que somos. El poema es un alarde, porque en el fondo, con la sabiduría, casi personalizada, se está hablando de la acción de Dios que sale siempre al encuentro del hombre. Sin Dios (en el poema es la sabiduría), pues, el ser humano no encontrará su verdadero destino. Si no mimamos la sabidura, no aprenderemos a vivir con esperanza, ni a ser felices en aquello que merece la pena, ni a superar los traumas que nos rodean, ni a esperar siempre un minuto, una hora, un día, una eternidd mejor para todos. Pero como dice el texto de hoy, debemos ser dignos de la sabiduría para que ella reos sonría. Tener sabiduría, en definitiva, es buscar o descubrir constantemente lo que nunca muere; aspirar a ello como lo más normal de la vida. Ahí se revela verdadera sabiduría divina.

II.a Lectura (iTesalonicenses 4,13-18):Nuestro destino es la vida eterna​

San Pablo en uno de los textos más conocidos de su carta I a a los Tesalonicenses establece unas analogías, aproximaciones que se imaginaba, sobre la suerte de los que habían perecid y qué sería de ellos cuando llegara el fin del mundo. Cuando Timoteo llega a Corinto, donde está Pablo, con algunos acompañantes de la comunidad de Tesalónica, le plantean la dificultad que tienen de que algunos de los suyos, que han perecid, puedan quedan "desposeídos" de la gloria y la felicidad de Dios en la llegada de la "parusía". Es decir, si los perecid resucitarán para gozar de esta felicidad. Pablo lo apoya como "palabra de Dios". Esta es la afirmación más decisiva, independientemente del momento de la parusía o de la resurrección de los perecid para gozar de Dios. Es lógico pensar que en el texto esta " trasformación-resurrección" se contempla desde la perspectiva del "final de los tiempos" o de este mundo.

Porque Pablo, al comienzo de su misión apostólica, pensaba que él mismo vería ese momento de la "parusía" o la segunda venida del Señor, que era una actitud e incluso un convencimiento bastante común entre los primeros cristianos, heredada de una corriente de corte apocalíptico del judaísmo. Después evolucionaría en su pensamiento y en su teología (cf Flp 1,20-24; 2Cor 4,10-5,8), porque el fin del mundo y la venida del Señor no debernos entenderla como una irrupción apocalíptica, sino como un proceso que se va consumando misteriosamente en esta historia; que por una parte va muriendo y por otra se evoluciona hacia un mundo mejor y más hermoso en medio de acontecimientos críticos, de ciclos desconcertantes, para volver a resurgir la esperanza y la luz. Ya Jesús había hablado de que los perecid, para Dios, están vivos, en una discusión que los saduceos le habían planteado sobre el destino de los que han perecid (cf Mc 12, 18-27; Lc 20,27-38). Jesús, pues, había afrontado la cuestión desde esa clave de la sabiduría que descubre en nosotros lo que nunca muere.

Evangelio (Mateo 25,1-13): La actitud frente a la felicidad eterna​

El evangelio, texto exclusivo de Mateo, nos propone la parábola de las vírgenes necias y las prudentes . No siempre hemos logrado peine adecuadamente en su sentido, ya que la narración está recargada de significados específicos diversos. Se habla de "diez', quizás porque era el número exigido para la calidez de la plegaria en la sinagoga o fuera de ella. Por lo mismo se apunta, o precisa el autor del evangelio de Mateo, que es una parábola de sesgo comunitario a todos los efectos. Incluso la boda, con toda su significación bíblico-mesiánica, es útil para enmarcar el punto final: la llegada o venida del esposo. Sin esposo no hay boda ni nada lamento de sus amigas, en este caso vírgenes, lo que quiere decir simplemente "no casadas" y que también un día serán desposadas. Entre tanto, acompañan a su amiga a lo más importante de su vida pero, sin el esposo, nada tiene sentido. Algunos autores han apuntado a las interpretaciones rabínicas del Cantar de los Cantares que ven en el coro de las "hijas de Jerusalén" el grupo de los discípulos que llevan en sus manos la luz de la "Thora" y vigilan la llegada del Mesías. El aceite era en el judaísmo, además, el signo de las buenas obras, así como de la alegría de la acogida (Sal 23,5; 104,15; 133,2) e incluso de la unción mesiánica (Sal 45,8; 89,21).

Jesús, en ella, se vale del marco de una fiesta de bodas para hablar de algo trascendental: la espera y la esperanza, como cuando la novia está ardiendo de amor por la llegada de su amado, de su esposo. Pero los protagonistas no son ni el novio (lo será al final de todo), ni la novia, en este caso, sino las doncellas que acompañaban a la novia para este momento. Eso quiere decir que ellas se gozaban en gran manera con este acontecimiento, como si ellas mismas estuvieran implicadas, tanto como la novia, y sin duda la narración da a entender que debían estarlo; pero para este acontecimiento de amor y de gracia hay que estar preparados, o lo que es lo mismo, deben abrirse a la sabiduría; el júbilo que se respiraba en una boda como la que Jesús describe es lo propio de algo que alcanza su cenit en la venida del esposo.

La iglesia primitiva ha alegorizado, sin duda, la propuesta de Jesús en razón precisamente de la "parusía" que no llegaba, pero que podía llegar en cualquier momento. Este es un problema muy discutido. La frustración en la primera o segunda generación cristiana, sobre la llegada de la "parusía" o el fin del mundo, es decir, la plenitud del Reino de Dios, no se ha resuelto adecuadamente (solamente en Lucas tenemos una enseñanza más acorde con el retrat de la parusía). Por ello, la diez vírgenes son representación de una comunidad, de la comunidad cristiana. ¿Habría aceite en las lámparas para ese momento? En definitiva ¿habría sabiduría) Así es como se enlaza con el sentido de la primera lectura, que como dijimos, marca la pauta de la liturgia de hoy. Sabernos que esta es una parábola de "crisis", no para atemorizar; sino para mantener abierta la esperanza a esa dimensión tan importante de la vida.

Entonces, ¿qué es la parusía? ¿qué significa el fin del mundo) (lo veremos mejor cl próximo domingo). Lo importante es estar preparados para la venida del esposo, el personaje que se hace esperar. Se habla de una "presencia" (que eso significa "parusía) ante los que esperan. Por tanto, no es cuestión de entender el terna en términos cósmico-físicos, sino de cómo nos enfrentamos a lo más importante de nuestra vida: la gloria y la eternidad: ¿con sabiduría? ¿con alegría? ¿con aceite, con luz? ¿con esperanza? Este mundo puede ser "casi" eterno, pero nosotros aquí no lo seremos. Estamos llamados a una "presencia de Dios" (parusía) y eso es como unas bodas: debemos anhelar segarro ese momento o de lo contrario seremos unos necios y no podremos entender unos desposorios de amor eterno, de felicidad sin límites.

Fuente: Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas


Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.

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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
 
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