Santander: la protesta contra el racismo acabó evacuada en autobús
La paradoja es incómoda: una manifestación contra el racismo tuvo que ser escoltada por la policía para protegerse de los insultos. En Santander, la tensión mantuvo inmovilizados durante hora y media a los participantes de una convocatoria que coincidió en el tiempo con otra concentración a favor de Ceuta. Según la información publicada, desde detrás de un cordón policial se lanzaron consignas hostiles contra los asistentes. La solución final fue evacuar a los manifestantes en un autobús.
Una mani que cabía en un taxi
La imagen de la protesta, vista en una fotografía, dio pie a la ironía: había más policías que manifestantes. «Cabían en un taxi», resumió un observador. La escena deja una pregunta incómoda: ¿cuál es el mensaje cuando la policía protege a quienes denuncian el racismo de una turba que grita consignas discriminatorias? Hay quien ve ahí una manipulación mediática, un intento de enfrentar a la gente y provocar caos desde las altas esferas. Otros, en cambio, sostienen que la provocación venía de convocar contramanifestaciones a la misma hora y de calificar de facinerosos a quienes defienden las fronteras.
El contraste de Sevilla
En Sevilla, la misma jornada ofreció una escena distinta. Una multitud con banderas se dispersaba con normalidad junto a la Torre del Oro mientras una pareja de turistas jovenlandés paseaba sin recibir una mala mirada. La conclusión de quien lo presenció: la gente es cívica y sabe distinguir entre la política y las personas. No todo el mundo comparte ese diagnóstico. Hay quien niega directamente que el racismo exista, y quien recurre a teorías conspirativas para explicar el choque. El resultado, en cualquier caso, es el mismo: la protesta contra el racismo acabó en un autobús, no en la calle. ¿A quién beneficia que el conflicto se gestione así?