Sánchez no irá a la final del Mundial: el miedo al «fariseo» y a la DEA
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tiene previsto asistir el domingo a la final del Mundial en Nueva Jersey, pese a que España se ha clasificado tras ganar a Francia. La versión oficial, filtrada a ABC, es que nunca estuvo en agenda. Pero el rumor que recorre los mentideros políticos apunta a motivos menos institucionales: desde el temor a una pitada planetaria hasta el riesgo de un incidente diplomático con la justicia estadounidense. El coste de seguridad, la presencia de Trump y Milei, y los problemas judiciales de su entorno completan un cóctel que hace de su ausencia la decisión más comentada del campeonato.
El fantasma del «Pedro Sánchez, fariseo»
La explicación más repetida es que Sánchez no quiere exponerse a que el estadio coree el ya famoso «Pedro Sánchez, fariseo», un cántico que ha acompañado sus apariciones públicas en España. Trasladado a un escenario global, el bochorno sería mayúsculo. Quienes defienden esta tesis recuerdan lo ocurrido en Paiporta, cuando fue recibido con insultos y barro. En Nueva Jersey, con un palco compartido con Donald Trump y Javier Milei, la foto sería aún más cruel. No es descabellado pensar que los asesores le hayan desaconsejado el viaje para evitar el ridículo internacional.
¿Riesgo de detención? La sombra de la DEA
Otra corriente apunta a un miedo más concreto: que las autoridades estadounidenses pudieran detenerle o retenerle. Se menciona el precedente de Nicolás Maduro, y los problemas legales de su esposa, Begoña Gómez, a quien no le habrían renovado el visado o tendría restricciones para entrar en EE. UU. Aunque no hay confirmación oficial, varios análisis señalan que una orden federal de detención por presuntos vínculos con regímenes latinoamericanos –si bien no probada– podría estar en el aire. La simple posibilidad de un incidente así justificaría la cautela.
El coste de la seguridad y la logística del Falcon
La seguridad también pesa. Sánchez suele desplazarse con un séquito de 64 escoltas, que habría que multiplicar para un estadio con 80.000 personas. El coste sería «brooootal», según fuentes del hilo, y el dispositivo llamaría aún más la atención. Además, el uso del Falcon para un viaje transatlántico –cuando el Rey también tiene previsto asistir– generaría críticas por el gasto. Algunos ironizan con que, para una vez que el Falcon tendría sentido, Sánchez prefiere quedarse en casa. La decisión evita un debate sobre el derroche, pero deja en evidencia su fragilidad.
El factor Milei y Trump: foto imposible
La composición del palco es otro elemento. Trump ya ha confirmado su asistencia; Milei, también. Que Sánchez se sentara entre ambos líderes, con los que mantiene relaciones tirantes, sería una fuente de tensión y memes. La prensa internacional ya especula con la imagen. Para un presidente que busca controlar su narrativa, la exposición es un riesgo inasumible. La alternativa –que el Rey represente a España– resulta más segura institucionalmente, aunque deje a Sánchez fuera de la foto del triunfo.
La decisión de no asistir a la final del Mundial, en apariencia menor, revela las costuras de un presidente que huye de los focos no controlados. Mientras la selección lucha por la copa, Sánchez se queda en Moncloa. El dato que queda flotando: las entradas para la final cuestan entre 8.000 y 16.000 dólares, un precio que pocos pueden pagar, pero que no compra una buena imagen para el líder del Ejecutivo. La duda sobre sus motivos seguirá alimentando el debate.