La Séptima: el canal que el Gobierno ha creado para no perder el control del relato
En mayo pasado se anunció la creación de La Séptima, una nueva cadena de televisión que ya ha empezado a emitir en pruebas. No es fruto de la iniciativa privada: nace bajo el paraguas del Gobierno, que ha forzado su lanzamiento ante la presunta falta de alineamiento de La Sexta con el relato oficialista. La jugada recuerda a la estrategia de Moncloa en los últimos tres meses: lanzar '59 segundos' y 'Conspiranoicos' para contrarrestar a Iker Jiménez, y fichar a David Broncano para competir con 'El Hormiguero'. Quien controla la TV controla el país, aunque cada vez menos gente la vea.
¿Un canal para 15 millones de espectadores cautivos?
Los datos de audiencia son tozudos: la televisión lineal pierde espectadores a un ritmo del 3-5% anual. Sin embargo, el segmento de mayores de 50 años sigue concentrando el 70% del consumo televisivo. Son 15 millones de personas que, en su mayoría, mantienen lealtades políticas estables desde hace décadas. El cálculo es simple: si La Séptima logra captar una fracción de ese público —jubilados y funcionarios, según los análisis más crudos—, el Gobierno se garantiza una plataforma de propaganda sin filtros. El resto de la población, joven o desconectada, apenas cuenta en las urnas.
Pero no todo son números. El verdadero negocio no es la audiencia, sino el BOE. La creación de un canal deficitario —como lo son casi todos en la TDT— solo se sostiene con publicidad institucional y subvenciones directas. Cada nuevo canal es un chiringuito donde colocar leales y redes clientelares. Como señala un análisis recurrente, estos medios viven del dinero público y de la refinanciación bancaria. Si el Gobierno cerrase el grifo, muchos estarían en quiebra en meses.
El espejismo de la pluralidad
El argumento oficial es que La Séptima cubre un hueco ideológico: la izquierda alternativa. Pero la realidad es que La Sexta, pese a su perfil progresista, ha mostrado en ocasiones incomodidad con ciertos episodios de corrupción que salpican al PSOE. De ahí la necesidad de una cadena más dócil. La parrilla de La Séptima, aún en construcción, ya apunta a tertulias de análisis y programas de actualidad con línea editorial marcada.
La ironía es que, en paralelo, el PP mantiene sus propias cadenas (13 TV, parte de A3media) y el duopolio PP-PSOE en medios es más sólido que nunca. Unos y otros se alimentan de la misma teta pública mientras se acusan mutuamente de control propagandístico. El ciudadano asiste a una batalla por el relato que se libra en una pantalla que cada vez menos enciende.
El dato que descoloca
Con una audiencia media inferior a 2 millones de espectadores en prime time (excepto fútbol y grandes eventos), la rentabilidad de una nueva cadena es un imposible sin subvenciones. Y sin embargo, el Gobierno ha decidido invertir millones en un canal que, según todas las proyecciones, perderá dinero desde el primer día. La pregunta no es si La Séptima será un éxito de audiencia, sino cuánto costará a los contribuyentes mantenerla viva.
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