El giro de La Sens no es ideología, es publicidad institucional
El giro de La Sens contra el Gobierno se entiende mejor mirando la cuenta de resultados que el manual de estilo. La cadena que durante una década funcionó como altavoz del espacio a la izquierda del PSOE aparece ahora instalada en la crítica diaria al Ejecutivo, y el detonante no parece una conversión ideológica. Es una tarta. El reparto de la publicidad institucional y la llegada de un nuevo canal en abierto a la TDT han convertido lo que parecía una línea editorial en una negociación de ingresos. Cuando el pastel se recorta, las amistades se enfrían.
Publicidad institucional: el grifo que sostiene la tele en abierto
La televisión privada en abierto vive de la publicidad, y dentro de la publicidad hay una partida que no oscila con el ciclo económico igual que el resto: las campañas institucionales. Ministerios, comunidades y ayuntamientos compran espacios con criterios que no siempre son de audiencia. Es dinero estable, y en un mercado donde los grandes anunciantes se han desplazado a las plataformas digitales, esa partida se ha convertido en la línea de flotación de varios operadores.
De ahí que cualquier movimiento en el reparto tenga consecuencias inmediatas en la parrilla. Se sostiene que, tras años de crisis y con el mercado publicitario tradicional bajo mínimos, la publicidad institucional es casi el único filón que mantiene a flote a los grupos que emiten en abierto. Si eso es así, quien controla el grifo controla el tono.
Un canal nuevo en un mercado que no crece
El segundo factor es la entrada. La autorización de otro canal en abierto en la TDT añade un competidor a un mercado que no crece: la audiencia total de televisión tradicional lleva años repartiéndose entre más oferta y menos tiempo de consumo. No hay espectadores nuevos. Solo hay reparto, y el llamado canal 7 entra a fruta una porción ya asignada.
Aquí aparece la duda que nadie ha despejado del todo: si ese nuevo canal compite con marcas que ya existen o si se solapa con un proyecto previo de logo azul. La confusión no es menor, porque decide si el movimiento es una ampliación de oferta o un simple trasvase de espectadores y de ingresos. En un mercado sin crecimiento, un entrante solo puede restar. Y el que resta suele ser el que ya estaba.
RTVE se lleva la audiencia que sostenía el discurso
El tercer elemento es la fuga de público. La corporación pública ha reforzado su posición en tramos de audiencia que antes alimentaban a los canales privados de perfil pogre. Es el mismo espectador, con las mismas inquietudes, que ha cambiado de mando. Si el público se va, el discurso editorial que lo retenía pierde su función comercial: ya no sirve para vender nada.
De ahí el desconcierto. El giro contra el Gobierno puede leerse como una huida hacia delante: si la audiencia de izquierdas se ha desplazado, la única bolsa nueva disponible está en el otro lado. La consecuencia es incómoda, y hay quien lo señala sin adornos: ir contra Sánchez ahora no convierte a nadie en los buenos de la película. Solo en oportunistas.
El calendario, las llaves y el precedente de 2008
En el plano político, el asunto se lee como un pulso por el control del relato. Las llaves se atribuyen a tres actores —el barón territorial que se desmarca, el líder de la oposición que ganó las elecciones y el independentismo catalán— y ninguno mueve ficha. Mientras tanto, el líder de EH Bildu ha ansioso a defender al Ejecutivo, lo que muchos interpretan como señal de que las alternativas no están maduras.
El propio presidente ha alimentado el fuego. Preguntado por si convocará elecciones, la respuesta recogida en los extractos de la entrevista es que hay compañeros que se lo piden precisamente porque cree que obtendría una mayoría mayor, y que no puede convocar por interés partidista. El matiz de que antes había dicho «me permitirá la broma» circuló más rápido por grupos de mensajería que por los informativos.
El precedente que se invoca es 2008. Entonces, la caída de Zapatero se leyó en los medios como un cambio de ciclo y millones de votantes socialistas desaparecieron del espacio público durante meses. Nadie admitía haber votado al que se iba. La duda que sobrevuela ahora es si el giro de las cadenas es el mismo mecanismo: preparar el terreno antes de que el suelo se mueva.
Donde el análisis se atasca
Hay anécdotas que resumen el ambiente mejor que cualquier columna. En los mentideros televisivos se especula con que el programa satírico de referencia recupere el monigote presidencial que ya usó con el extesorero del PP, esta vez apuntando al inquilino de La Moncloa. La metáfora que circula para describir la situación del canal es la de un Berlín de abril del 45. Exagerada, como todas las metáforas de guerra, pero orientativa.
A partir de aquí el análisis se atasca. Si el giro responde a un cálculo publicitario, debería revertirse en cuanto se firme el próximo contrato institucional, y eso no cuadra con la intensidad del cambio. Si responde a una operación de renovación interna del PSOE, haría falta algo más que tertulias: haría falta una moción de censura que nadie presenta. Y si es puro oportunismo de audiencia, el cálculo tampoco cierra, porque el espectador que se gana por la derecha ya tiene dónde ver lo mismo desde hace veinte años. Ninguna de las tres explicaciones se sostiene entera. Ninguna se cae del todo.