Sánchez condiciona el calendario electoral a los presupuestos: ¿bravata o estrategia?
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dejado este jueves abierta la posibilidad de adelantar las elecciones generales si no se aprueban los nuevos presupuestos. A su llegada al Consejo Europeo, Sánchez aseguró que «si se tienen que tomar decisiones, se tomarán», en respuesta a la petición del PNV y Coalición Canaria de anticipar los comicios si las cuentas no salen adelante.
La declaración llega en un contexto de negociación presupuestaria que pinta cuesta arriba. Con una mayoría parlamentaria fragmentada y sin los apoyos garantizados de sus socios habituales, el Gobierno se enfrenta a un escenario en el que la aprobación de los presupuestos para 2025 –o el año que toque– se antoja complicada. Sin embargo, que Sánchez no cierre la puerta no significa que vaya a abrirla de par en par.
¿Adelanto real o cortina de humo?
Las reacciones no se han hecho esperar. Mientras unos ven en la ambigüedad de Sánchez un clásico «ni sí ni no sino todo lo contrario», otros señalan que el presidente está ganando tiempo mientras intenta recomponer puentes con sus socios. La referencia a los «famosos presupuestos de 2038» es una forma sarcástica de subrayar que el debate presupuestario lleva años enquistado y que la fecha de aprobación se pospone una y otra vez.
Hay quien sostiene que, en realidad, la amenaza de elecciones es un farol para disciplinar a sus aliados. Si realmente no existen los apoyos, convocar elecciones solo serviría para poner en riesgo su continuidad en Moncloa. Sin embargo, también hay quien apunta a que, si los presupuestos no se votan –no es lo mismo que sean rechazados–, Sánchez podría utilizar ese vacío para justificar un adelanto y tratar de capitalizar el desgaste de la oposición.
El factor PNV y Coalición Canaria
La petición de estos dos grupos ha sido el detonante. Ambos han pedido abiertamente que, si no hay presupuestos, se convoquen elecciones. Pero su postura no es desinteresada: saben que, sin sus votos, el Gobierno no puede aprobar las cuentas, y al mismo tiempo, una convocatoria anticipada les beneficiaría en sus respectivos feudos. Sánchez, por tanto, camina sobre una cuerda floja entre ceder a sus exigencias o arriesgarse a un adelanto que no controla del todo.
El cálculo final es incierto. Lo que está claro es que, a día de hoy, los presupuestos no están ni siquiera presentados formalmente, y que el presidente se reserva la opción de moverse en el último momento. Como resumen escéptico, algunos lo califican de «manual de resistencia antoniano»: apretar los dientes, aguantar y esperar que el tiempo juegue a su favor.
Referencia: declaraciones de Pedro Sánchez en el Consejo Europeo, jueves de la semana en curso.