Seis coches y 20 escoltas para un TikTok en Madrid: así se blinda Sánchez
El despliegue de seguridad que acompaña a Pedro Sánchez no encuentra parangón reciente en España. Seis coches y veinte escoltas para grabar un vídeo en el centro de Madrid. Diez vehículos para recorrer un pueblo de Huelva de 10.000 habitantes. Un cuarto anillo de seguridad activado en Moncloa. Los datos son los que son; la comparación con Mariano Rajoy, con Felipe González o con Franco la hacen otros, y no todo el mundo coincide en que sea pertinente.
¿Cuántos vehículos y escoltas acompañan a Pedro Sánchez?
Cada salida del presidente arrastra una comitiva que se mide en coches, no en personas. Las cifras que circulan hablan de seis vehículos y una veintena de escoltas para un acto menor en Madrid —una grabación de vídeo— y de diez vehículos para un recorrido por una localidad onubense de apenas diez mil habitantes. A eso se suman medidas menos visibles: la retirada de teléfonos móviles a quienes visitan al presidente en La Mareta.
El refuerzo de la seguridad presidencial no es una impresión de sobremesa. Moncloa habría activado un cuarto anillo de protección, un nivel que, según se sostiene, coloca al jefe del Ejecutivo por encima del propio Rey en blindaje. El recuento de salidas, anillos y agentes se acumula en la documentación citada, y ahí está la diferencia con la letra pequeña oficial.
Ceuta: los primeros antidisturbios de refuerzo, para escoltar a Sánchez
En Ceuta, la tensión fronteriza y el dispositivo de seguridad se cruzaron. Según el sindicato policial Jupol, los primeros antidisturbios de refuerzo desplazados a la ciudad autónoma fueron destinados a escoltar al presidente, no a contener la presión en la frontera. El mismo relato señala una zona de exclusión marítima con lanchas, helicópteros y agentes de la GRS trasladados desde Sevilla.
La cifra de esas unidades, su coste y el detalle de a quién protegían en cada turno son el punto donde las versiones se separan. Ahí no hay matiz posible: o el refuerzo estaba en la valla, o estaba en la comitiva.
Felipe González en 1989 o Rajoy por la calle: los precedentes que se citan
Los ejemplos históricos se usan como contraste. En 1989, Felipe González y François Mitterrand pasearon por una ciudad de provincias a dos horas en coche del País Vasco, en plena actividad de la banda terrorista. Los periodistas nacionales protestaron por la falta de medidas; los locales les recordaron que estaban en una ciudad tranquila. Rajoy solía caminar por senderos con un par de escoltas, y en una ocasión se llevó un puñetazo paseando por su ciudad.
La comparación con Franco —que se desplazaba en coche descubierto por ciudades donde buena parte de la población había combatido en el bando perdedor— funciona como argumento, aunque se apoya en anécdotas más que en series estadísticas. El nivel de protección de un presidente se decide con las amenazas sobre la mesa, y esas no se publican.
Con este material, dos predicciones razonables y ninguna segura: el número de vehículos en cada salida seguirá siendo noticia, y la discusión sobre si el blindaje protege al presidente o aísla al cargo no se cerrará. Un cuarto anillo no se improvisa, pero tampoco se explica solo.