¿Vacaciones en Lanzarote mientras Ceuta se desborda?
¿De verdad le preocupa a Sánchez la crisis de Ceuta? La foto del presidente bañándose en las aguas de Lanzarote mientras miles de inmigrantes siguen atrapados en la ciudad autónoma ha encendido una polémica que mezcla indignación política y escepticismo económico. Hay quien sostiene que el problema migratorio no es competencia directa de Moncloa, sino de las comunidades autónomas o de las relaciones con Marruecos. Pero el contraste no podía ser más incómodo: mientras los niños de Ceuta no pueden bañarse en su playa, el jefe del Ejecutivo disfruta del Atlántico.
El fondo: ¿abandono o reparto de responsabilidades?
Las reacciones se mueven entre dos bloques. Un sector considera que la gestión de la frontera sur se ha dejado a la deriva y que la imagen del presidente en bañador es un símbolo de esa indiferencia. Otro responde que la solución pasa por la cooperación con Marruecos y la implicación de las autonomías, y que una foto no define una política. La discusión, en cualquier caso, revela un malestar social creciente: lo que se discute de fondo es la prioridad real del Gobierno cuando la presión migratoria sigue sobre la mesa.
El coste que nadie cuantifica
No hay cifras oficiales en esta polémica, pero la crisis de Ceuta no es solo un problema humanitario: tiene impacto logístico, sanitario y económico. Los recursos destinados a la acogida, los dispositivos de seguridad y la tensión diplomática con Marruecos acaban pagándose con dinero público. Mientras tanto, Lanzarote vive del turismo y la imagen de un presidente de vacaciones puede leerse también como un gesto de normalidad en una zona que depende de ese sector. La ironía es que ambas realidades comparten archipiélago pero no exactamente la misma orilla.
Y mientras el agua de Lanzarote sigue templada, la de Ceuta no se aclara.