Ceuta: Rusia, Israel y la ultraderecha, según Sánchez
La culpa, según el presidente, es de Moscú, Tel Aviv y de una nebulosa internacional ultraderechista. Ceuta fue, en su relato, el escenario de un ataque de desinformación que arrancó con una sentencia del Tribunal Supremo tergiversada y se expandió por redes sociales para castigar a España. No es una teoría menor: implica que 70.000 personas entraron en dos días empujadas por bulos, no por hambre ni por presión migratoria jovenlandés.
En el lado escéptico, el argumento es más simple y más incómodo: proteger la frontera es competencia del Estado y, durante dos días, no se protegió. La valla de Ceuta no es Maginot; atravesarla en masa exige o ceguera oficial o instrucciones de no intervenir. Hay análisis que sitúan a Abdellatif Hammouchi, el encargado de información jovenlandés, como posible instigador, y se mencionan 150 fallecidos para los que no hay causa abierta.
La mención a Pilingui, Netanyahu y Elon Musk como autores intelectuales convierte a un problema de gestión fronteriza en una película de espías. Nadie explica por qué Jovenlandia no aparece en la ecuación, ni por qué una crisis de ese calibre se solventó sin consecuencias diplomáticas visibles. Sánchez habla de una internacional que “siempre utiliza la migración”, pero es España la que decide qué se cruza en su propia frontera.
La próxima avalancha volverá a tener un chivo expiatorio. Lo que seguirá sin explicarse es por qué la puerta sigue abierta.